miércoles, 30 de mayo de 2012

En el día de San Fernando



            Algo corto para salir del apuro de escribir todos los días este “copo nuestro y vuestro” en el que llevo enredado más de 15 abriles.

            Cuando escribo todavía es el día de San Fernando; de aquí a un par de horas será otro día, otro tiempo y otra sensación, pero hoy, para regocijo mío y de ustedes, perdonen la petulancia de colocarme en primer lugar, es un tiempo especial.

            Y digo especial, porque en mi familia existen cantidad enorme de personas que se llaman, o llamaban, Fernando, entre ellos mi padre, hermano y una buena cantidad de sobrinos y sobrinos nietos que acuden a la llamada de este nominativo.

            Así que me puse manos a la obra, a saber, tomar el móvil en mis temblorosas manos y felicitar a los que quedan en este mundo de “Marus” y primas que engordan porque sí.

            Llamé a un hijo de mi hermano, mira por donde el mayor no tuvo otra cosa que morir en Nochebuena, y decirle: “felicidades, oh sobrino”; después llego el turno a otro Fernando, sevillano él, que debe su nombre al padrinazgo de mi hermano a la hora de echarle el agua bendita, y de paso preguntarle por otro Fernandillo, bebé él, que también lleva el nombre de su padre, mi hermano y su abuelo.

            Pero el grave problema emergió, cuando al llamar a los Fernando mencionados, contemplé en mi móvil los números, fijo y el otro, de mi querido hermano mayor: “¿los borro o no de mi agenda?”, esa era la cuestión que a ustedes o vosotr@s les puede parecer cuestión baladí, pero que para mí suponía el enviar a mi hermano al precipicio de la no comunicación.

            ¿Saben lo que he hecho?, pues muy sencillo, vean  ustedes, como estoy algo tarumba, o sea, loco en santidad perpetua, he dejado sus dos números en la maldita y bendita agenda para seguir creyendo que está conmigo, con nosotros y con su manía de trabajar por sus hijos e hijas.

            Termino antes de que finalice el día de San Fernando, aunque me duela algo el alma, pero sepan, porque lo he verificado, que tengo un corazón que sigue palpitando.

3 comentarios:

  1. No lo había leído, amigo José, enredado en peleas de trabajo... Es bellísimo.

    pd: hiciste bien. YO he actuado así en más de una ocasión...

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  2. Gracias amigo Antonio: es un placer que un amigo comparta con uno nuestros sentimientos.

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  3. Conservo como un tesoro la letra de mi padre en el Manifiesto pro-Ancha del Carmen, por ejemplo. Después de fallecer me encontré por algún sitio con el papel y cuadno vi su letra... qué momento. Lo guardo como un tesoro.
    un abrazo fuerte,

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