domingo, 13 de mayo de 2012

Ellos, ellas y un servidor




         Como un servidor tiene la suerte o la desgracia de poder despertarse a la hora que sea, en reciprocidad a semejante virtud tiene la desgracia o suerte de acostarse cuando le venga en gana. Suponiendo que ustedes sean medianamente inteligentes, habrán llegado a la conclusión de que soy un jubilado, palabra que aunque los más optimistas la equiparan a júbilo y los más pesimistas a aburrimiento, me permite, sin desvelar si uno es optimista o pesimista, ver un programa de televisión hasta las dos de la madrugada, o más.

            Así que ayer, tras ser vapuleado en una partida de póquer con compañeros que al igual que yo están comprometidos, en un breve plazo de tiempo, con el abrazo de la Parca, senté mis posaderas en un cómodo sillón y me tragué, al tiempo que un ligero gin-tonic, el programa de la Sexta dedicado al morbo, o sea, a saber si ellos y ellas, l@s indignad@s, eran vapuleados o no por la Policía Nacional en el lugar donde se ganan o pierden años, según se mire, a saber: la Puerta del Sol.

            Todavía le quedan a este jubilado recuerdos de su tiempo de enseñante, así que otorgué un sobresaliente a ambas formaciones con la seguridad de que entre la policía había cantidad de indignados y en los cabreados, más de un poli infiltrado.

                Viendo lo visto, me atrevería a asegurar que el personal del 15-M ha cambiado a mejor, prendas de vestir y dulce comportamiento, al tiempo que a peor, o sea, menos indignación visible y una muy fuerte depuración de la vestimenta.

            Así que a medida que el numerito seguía, éste que les narra su visión de los hechos se iba indignando cada vez más al escuchar el debate que los tertulianos, periodistas de izquierdas y derechas, dicen ellos, se traían entre manos. Y así, mientras civilizadamente los jóvenes del 15-M daban su simbólico grito de silencio, la capullada tertuliana se enzarzaba en la clásica teoría de las ideologías políticas de las que manducan sin pudor alguno.

            Tras la algarabía, porque al fin y al cabo todo aquello fue una anecdótica algarabía, todo sigue igual, menos los que cobraron la dieta correspondiente por ser contertulios.




No hay comentarios:

Publicar un comentario