domingo, 27 de mayo de 2012

Dolor, sufrir y dormir



           Esta sociedad camina hacia el dolor; sufrir ya lo hace. No es lo mismo dolor que dolerse; cuando uno se duele a sí mismo, sufre. Dicen los místicos de todos los tiempos que el sufrimiento, bien llevado -vaya usted a saber cómo se hace eso-, hace a la persona más fuerte. También se sufre al observar el dolor de los demás o ante el amparo o el aliento que algunos necesitan para seguir titando del carro. Dejemos claro, por tanto, que sufrir, lo que se llama sufrir, es un mal generalizado en este valle de lágrimas.

            Lo del dolor es harina de otro costal, si es de muelas para qué vamos a hablar y si, por casualidad, es el dolor de corazón que, según la Iglesia debíamos sentir para hacer una buena confesión, apaga y vámonos.

            Ahora, vuestros gobernantes, yo soy rancho aparte, andan recortando toda clase de especies, desde sueldos a dignidad. Entre las más discutidas por el sufrido y sumiso pueblo, se encuentran los posibles tijeretazos a Sanidad.

            Hace falta buscar calderilla contante y sonante, mucho menos que la concedida por todos nosotros a Bankia, para sanear, es un decir, la Seguridad Social. Y para ello hay que iniciar un barullo de mucho tomate en lo de las recetas: especialmente en los más desvalidos: los ancianos.

            La Mato, mal apellido para representar el ministerio de Sanidad, ha confundido el omeprazol, pongamos por ejemplo, con una chuche que se le quita a un niño para que no se empache.

            Entre otro pastilleo, desean retirar del espléndido recetario oficial, casi todo lo relacionado con relajantes, sedantes y somníferos. De relajarse nada y de sedarse, menos.

            Vamos al encuentro del sufrimiento y del dolor a causa de la falta de originalidad a la hora de chequear al país, pero hay algo que puede ser muy peligroso para estos inútiles mandamases: si sustraen al personal los somníferos y sucedáneos, este pueblo va a permanecer despierto, con los ojos bien abiertos y esto, a la larga o a la corta, se paga en el recetario de las urnas.

2 comentarios:

  1. Querido amigo José, bravo por tu columna. En estos días en que he vuelto de Milán por temas de trabajo (por cierto, tampoco allí atan los perros con longanizas, cómo andamos todos...), estoy leyendo cómics del Auxilio Social con un nombre que gustará al sector más ultra de la parroquia, "Paracuellos". Qué tiempos, algunos incluso los echarán de menos o nos querrían hacer volver a ellos..
    Que nos den un tiro y terminamos antes...
    un abrazo fuerte,

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