martes, 1 de mayo de 2012

De Alejandro Rojas a Pilar González



           La mañana o tarde en que escuché a Alejandro terminar su intervención en el Congreso con el famoso grito de Blas Infante: ¡Viva Andalucía Libre!, sentí un cierto escalofrío en mi cuerpo. Y es que aunque algunos y algunas gilipuertas me han tenido por un tipo frío, estilo Richard Widmark, la verdad es que soy un rato sensible.

            Desde aquel fatídico momento en que el corazón pudo a la cabeza, supe que mi vida política terminaría desembocando en el PSA-Partido Andaluz. Y así fue, y ahí terminó mi vida política.

            En la actualidad, el Partido Andalucista, hijo del anterior, lleva camino de que sus escombros tengan como destino cualquier contenedor que sea recogido por el camión de la basura y finalice en cualquier estercolero de Andalucía, lo que no impedirá que sigan existiendo hombres y mujeres que sigan creyendo que es necesaria una fuerza política, viva y digna, que consiga que los andaluces sean salvados por ellos mismos.

            Alejandro creó dicho colectivo y Alejandro se lo cargó. La última Secretaria General Pilar González ha presentado su dimisión, ya anunciada tras el resultado de las últimas elecciones, pero ha acelerado su trámite porque Rojas Marcos desea, y lo conseguirá, tutelar el proceso de cambio de los órganos directivos.

            “Es más fácil crear un nuevo ser que resucitar a un muerto”, esta frase, circunscrita a la vida interna del Partido Andalucista, la he repetido multitud de veces, pero nunca ha dado resultado. Alejandro, una y otra vez, interviene de presente o tapado en todos los procesos internos electorales del partido por él creado, bueno, en todos no, porque como Secretario General o como líder, cada uno elija lo que desee, jamás ha presentado su candidatura a la Presidencia de la Junta de Andalucía, dejando en su negativa un reguero de cadáveres políticos, caso último el de Pilar, mientras el se mantiene limpio e incólume, y hasta jugó a ser alcalde de Sevilla y lo consiguió.

            Tal vez Alejandro no haya leído esta frase de Schiller: “Lo viejo se derrumba, los tiempos cambian y sobre las ruinas florece una nueva vida”

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