miércoles, 23 de mayo de 2012

Copa del Rey




         No existían televisiones y transistores. En casa teníamos un enorme Walter Kent, con el que mi padre intentaba sintonizar con aquella emisora que quiero recordar se llamaba “Radio España Independiente Estación Pirenaica” y que iniciaba su pequeña guerra contra el franquismo dominante con aquella famosa frase: “Ici París”. Manipular una Walter Kent era harto difícil, después llegó la marca Saba, también aparatosa en su tamaño, pero ya con un teclado incorporado que facilitaba encontrar algunas emisoras más.

            Faltos de información deportiva, sin visión de imágenes y siempre la Unión Deportiva Melilla en el Grupo VIII de Tercera división de la liga de fútbol, la chiquillería melillense buscaba equipos de Primera para hacerse fans de ellos. Pues bien, la mayoría de mis amigos de pandilla del Barrio Obrero, incluido el menda, éramos del Athletic de Bilbao, o sea, de la furia roja o española de los Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza; casi nada.

            Damos un gran salto en el tiempo y nos ponemos en la rabiosa actualidad, ya saben, el personal, mayoritariamente, toma partido por el Madrid y Barça; las autonomías, aunque ruinosas, están en su auge; los nacionalismos de verdad, a saber, el catalán y vasco están que se salen, y emerge la gran final de la Copa del Rey: catapum, Athletic Bilbao contra Barça o viceversa. Y además, para más inri, vienen a jugarla a la capital del Reino de España al que por cierto, los más forofos nacionalistas no reconocen, ni al Reino, Rey, Príncipe, capital, himno, escudo y bandera.

            Un flamear de senyeras e ikurriñas, más alguna que otra española, se apoderará el próximo viernes del estadio Vicente Calderón y, según dicen los que de estos saben, una sonora pitada acompañará al himno nacional de España para silenciarlo. Y no pasará nada. Todos y todas tranquilos y tranquilas, pues nos espera una buena noche de fútbol, no de política.

            Doña Esperanza Aguirre, que no sabe qué decir o hacer para permanecer eternamente en el candelero, propone que la final de Copa se juegue a puerta cerrada, algo que debe ser aburridísimo. La Aguirre, por si faltaba algo, ha cogido la manguera de la gasolina y la ha enchufado a la garganta esperpéntica de la minoritaria hinchada nacionalista y la cosa está que arde.

            Haría mejor en preocuparse por el déficit de su Comunidad.

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