martes, 22 de mayo de 2012

Centenario del Colegio del Carmen de Melilla



            Ustedes perdonen que hoy escriba para mi hermano Fernando, para mí, para aquellos compañeros de estudios y para el Colegio del Carmen de Melilla, regido por los Hermanos de la Salle.

            Y es que la casualidad ha hecho que me entere que están celebrando su centenario por tierras de Melilla, lugar donde la señora Antonia parió a este viejo cascarrabias en tiempos de Acuario, esos seres a los que no hay que doblar, maltratar y lastimar, y que caminamos cinco centímetros por encima del asfalto en ese perenne sueño de flotar con la imaginación.

            Quede claro que los Hermanos de San Juan de la Salle fueron los que realmente prepararon la Revolución Francesa, llevando a los barrios periféricos de París la formación y la enseñanza. El tiempo, como siempre, todo lo cambia y ello, cómo no, fueron cambiando con el transcurrir de los años.

            No voy a recordar los momentos malos que pasé en aquel centro de enseñanza en años del más rancio nacional-catolicismo, eso queda para mí, aunque a veces, sin querer, salga a relucir en el psicoanálisis de escribir a diario una columna periodística, hecho éste que tiene mucho que ver con la teoría de Freud.

            Hoy, pelillos a la mar. Allí pasé nueve años de mi existencia, nueve años marcados a hierro, fuego y amor. Lloré y reí, supe de humanidades, ciencias, amistades, pecados, infiernos y cielos, pero por encima de todo, fui construido a imagen y semejanza de una parte de la juventud melillense, tal vez, la más pija; pero las enseñanzas que recibí, lo que son las cosas, en especial las matemáticas, siguen permaneciendo a flor de piel.

            Por ello, quiero rendirle mi pequeño homenaje en forma de poesía:

COLEGIO DE LA SALLE DE MELILLA

Tañidos de campanas en la orilla
resuenan en el tiempo desprendidos,
son los polvos silentes escondidos
en el vaso labrado con tu arcilla.

Colegio de la Salle de Melilla,
mis versos, entre grietas doloridos,
se abren paso, olvidando los quejidos,
como fruto que nace de semilla.

Marcaste al rojo vivo con tu ciencia
a mi tierra española en mi conciencia.
Cuando todo yacía desplomado

y mi alma los delirios abarcaba
resurgió tu contorno perfilado
entre piras de seca negra lava.

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