jueves, 17 de mayo de 2012

Dos anécdotas y cuatro poemas




         A través de Ministerio de Educación y Ciencia, tenía hoy un recital poético en el Instituto “Mediterráneo”. Cerca de ochenta mozalbetes me esperaban; sabía que iba a ser muy difícil conseguir su atención. La experiencia, pues, me aconsejaba hacer uso de mis tiempos de Maestro de Escuela Unitaria para no fracasar. Ardua tarea.

            Diseñé una estrategia que creo dio resultado. Confeccionar un recital al estilo de cómo se debe construir una columna periodística, a saber, buen principio y final de verdad o como decía el famoso Ruano, el mejor columnista de nuestra historia, crear un espacio de tiempo como una hermosa morcilla, atractivo comienzo y mejor cierre.

            Puse manos a la obra y comenté con la muchachada que iba a contarles dos historia: principio y final de mi intervención y que en el centro les iba a leer cuatro poemas dedicados a los fundamentos del quehacer poético: amor, tiempo, Dios y circunstancias pasajeras.

            La primera historia trataba sobre un chaval que había suspendido en Geografía, por lo que su papá tenía un berrinche de mucho cuidado. El mozalbete decía que él sabía tela marinera sobre el tema; cansado el padre, que por cierto leía una revista, rompió en cuarenta trozos una de las páginas en la que había un mapamundi y le dijo: “ahí tienes fixo, cuando me presentes el mapamundi restaurado comprobaré que llevas razón”; al par de minutos, el joven le mostró completo el destrozado mapa y el padre quedó asombrado. “Pues es verdad, sabes geografía”, el muchacho, que era fenomenal, le dijo: “te he engañado papi, verás, es que por detrás del mapamundi había la figura de una persona, he reconstruido a la persona y el mundo se ha restaurado

            El segundo cuento versó sobre el 15-M; el mismo chaval iba con una cacerola haciéndola sonar a las cinco de la madrugada; se acercó un poli y le dijo: “vete ya a casa, porque no vas a cambiar el mundo”. El indignado lo miró y comentó: “ya lo sé, pero lo que yo quiero es que el mundo no me cambie a mí

            En medio de las anécdotas, leí cuatro poemas, pero les pude cuando les dije “si queréis ser como él, leed y leed

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