martes, 17 de abril de 2012

A Gonzalo de Berceo


Lo venía presintiendo. Es de esas cosas que salta a la vista. El color sonrosado de la piel, sonrisa abierta, cierta tripa sin llegar al michelín, escasa o ninguna ira y sentido del humor, mucho sentido del humor, son algunos de los atributos del buen bebedor de vino. Ahora nos llegan unos científicos que nos advierten de los beneficios que para el corazón tiene una buena copa de vino, pues en las entrañas de la uva negra, la buena, se halla el Resveratrol, una sustancia que salva del posible cáncer.

Si nuestros políticos, los que gobiernan y los que no dejan de gobernar, ejercitaran con premura un buen brindis, otra gallo cantaría. O sea, dicho de otra forma, sin tomaran sus buenas copas de vino, el rojo parece mejor, el cáncer de la siempre pertinaz ruina económica tal vez iría cediendo.

Ya en el siglo XIII, nuestro ilustre Gonzalo de Berceo, riojano, buena tierra y buen vino, el que cantara a la Virgen de todos los modos posibles, entonó aquello de: “bien valdrá, como creo, un vaso de buen vino”

La noticia sobre el Resveratrol es de tal magnitud que todos debemos alzar la copa y brindar por ella, por la noticia. ¿Se imaginan ustedes una España unida en torno a una buena botella anticancerígena? Los problemas se irían diluyendo.

Me llega la noticia que los gobernantes argentinos son abstemios, ésta puede ser la causa de tanta mala leche almacenada respecto a Repsol.

Brindemos y bebamos que con el vino nos salvamos. Eso sí, con moderación y sabiéndolo hacer, y es que el hígado no perdona. Se ruega no contesten a esta alabanza a un buen caldo todos aquellos que crean que este “copo” es una incitación al pecado o a machacar la salud.

Eso, por la salud, chin-chin.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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