viernes, 27 de abril de 2012

El infierno de monseñor Camino



Educado en un colegio de La Salle del más puro nacional catolicismo, mi vida religiosa se podría resumir en aquel lejano día de los años 40 del pasado siglo en que me nombraron “Tarcisio distinguido” hasta que a finales de dicho siglo fui a Melilla a dar un cursillo sobre “Teología de la liberación”. En medio de esos dos hechos, un intenso tiempo de ir predicando los evangelios dentro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, recorriendo ciudades y ciudades, y pueblos y pueblos.

            Bien pensado, creo que nunca tuve fe -parece ser que es un don que alguien otorga a unos y niega a otros-, pero siempre anduve buscándola y, tal vez, en esa búsqueda incesante, un día, una gaviota se posó en una de mis rojas sandalias mientras paseaba por la playa “donde el viento silba nácar” y, a partir de ese momento, todo, pero cuando digo todo es todo, comencé a verlo de forma diferente, pues aquel “amor” misterioso que predicaba se hizo carne y latido, y postrado ante él lo adoré.

            La gaviota voló a su espacio, y en mí quedó el acontecimiento del amor. Y escribí y escribí y seguiré escribiendo sobre él hasta que los dedos dejen de teclear.

            Hay un obispo por ahí que ha dicho algo no aceptable sobre la homosexualidad, o sea, que se ha pasado de rosca. Y en su defensa, cómo no, ha salido el eterno secretario y portavoz de la Comisión Episcopal, ya obispo, monseñor Camino.

            En la rueda de prensa que ha tenido lugar, una colega le ha preguntado si él cree que los homosexuales van al infierno, a lo que monseñor Carrillo ha contestado “que él no lo sabe”, para a continuación decir que la homosexualidad, según el Catecismo -que se ve que es en lo que cree y no en los Evangelios- es pecado.

            Como la Iglesia sigue creyendo que el infierno existe, o sea, que el castigo (no el perdón a la adúltera) es consustancial con el catolicismo, el buen hombre podía haber salido del atolladero diciendo: “mire, el infierno existe, pero está vacío”… y hubiese quedado como Dios.


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