miércoles, 11 de abril de 2012

Del "café para todos" a la archicoria


Corría el último trimestre del año 1977, y por la Carrera de San Jerónimo iniciábamos el debate constitucional. Dos años antes había muerto Francisco Franco, dictador de España por la “gloria” de las armas. Existía, quiero creer, tal vez puro espejismo, que un cierto encanto adornaba a la españolada ante la democracia que se avecinaba.

Cataluña, hoy Catalunya, y Las Vascongadas, hoy Euskadi, partían con ventaja para ser declaradas nacionalidades históricas dentro de la indisoluble unidad de la nación española. Jugaban a su favor dos bazas: haber salido airosas en sus referéndums de los años 30 y su bilingüismo, más acentuado en tierra de cavas y butifarras.

Manuel Clavero, presidente del Partido Social Liberal Andaluz, taxi político integrado en la extinta UCD, lanzó el famoso grito de “café para todos” y, de repente, se inició la gran discusión del Estado de la Autonomías, incluida Murcia como tal.

Los diputados constituyentes construimos dos vías o caminos para conseguir la autonomía para todas las regiones de España; dichos vericuetos son los contenidos en los artículos 143 y 151 de la Constitución Española que, si les place, pueden leerlos, porque no será un servidor el que les dé semejante tabarra.

Y así, incluida Murcia, nacieron diecisiete parlamentos, diecisiete presidentes, diecisiete tribunales de Justicia, diecisiete complejos sistemas educativos, diecisiete banderas, diecisiete himnos, diecisiete pequeñas constituciones llamadas estatutos, diecisiete formas de entender la sanidad pública, diecisiete defensores del pueblo de las diecisiete comunidades resultantes y todo, todo, no sólo el café, se multiplicó por diecisiete; a las que se sumaron dos ciudades autónomas ubicadas en el norte de África. Nos quedamos en ese fatídico número, porque Cartagena no solicitó ser cantón autónomo.

Creo, no promulguen mi fusilamiento, que buena parte de la ruina que nos invade y carcome -conocida por los nombres de recorte o tijeretazo- se debe a ese patriotismo de patio de casa mata que pasa por la toma de aquél suculento y orgulloso “café para todos” en la inmensa barra libre que fue España.

No sería de extrañar que, de aquí a nada, cambiemos el café por la archicoria que, dicho sea de paso, es un buen laxante para estos tiempos de estreñimiento económico. Con perdón, por si he molestado.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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