sábado, 24 de marzo de 2012

Tensión de amor


Los hombres y mujeres que me rodean, que me acosan, aconsejan que no cometa ninguna locura; que mida los pasos; que cambie de actitud; que no haga sufrir a nadie, y nadie comprende mi locura.

Estoy enamorado de la vida, y no quieren verme “raro”. Estar “raro” para ellos es estar abierto a la sorpresa que salta en la monótona existencia de cualquier humano.

Hace un día maravilloso; tan lindo que lo voy a intentar vivir con intensidad de amor. Durante este día no simularé amor, sino que mi ser va a desprender toda la energía que un cuerpo, en tensión de amar, pueda dar.

Quiero al día y a la noche. Quiero lo concreto y lo universal. Quiero que se note que estoy enamorado: es tan maravilloso.

Anoche volví a llorar. No fueron dos lágrimas las que brotaron de mis cansados ojos sin dormir. Fue un torrente tan fluido como silencioso. Lloré por mí.

Nadie podrá comprender el sentido de mis lágrimas; nacen sin esfuerzo en el instante que elevo mi pensamiento hacia la felicidad. Lloré y, mientras lo hacía, comprendí lo hermoso que es llorar de amor a la vida.

Suspiré una y mil veces, y en cada suspiro un mensaje de esperanza, dañado por la razón, se escapaba a los confines de nuestro misterio. Mis lágrimas me producen bienestar, apaciguan la tormenta que los hombres acosadores crean alrededor de mentiras que son verdades.

Estoy dejando correr la pluma al ritmo de mi pensamiento, y éste salta de la luz a la oscuridad. Cuando se enciende la luz, todo es un lindo amanecer, una vida plena, un torrente de alegría, una búsqueda de la perla, la oveja o el dracma.

Al desvanecerse la luz, la luz la vida se convierte en tremenda perplejidad ante al opresión de los que dicen preocuparse, pero duermen, plácidamente, en la oscuridad de sus oscuras vidas.

Por ello, tendré que vivir los “hoy” que se presenten desde la perspectiva de ser el último. Ir perpetuando cada instante.

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