lunes, 12 de marzo de 2012

Hasta más ver


Recuerdo que la última vez que fui operado de cáncer, al despertarme en la UVI o UCI caí en la cuenta de que había sido intervenido. Se oían por la sala algunos gemido de otros pacientes que compartían conmigo tan confortable sala; a fin de evitar tal coro de lamentaciones, di un grito, apareció una enfermera, me pregunto cómo estaba, le dije que bien pero que, por favor, me trajera una radio. ¿Una radio?, preguntó incrédula, para decir a continuación: ¿y dónde la busco?, pues en mi habitación, le respondí. Llamó a las seis de la mañana a la Pastor, mi compañera, que por cierto se pegó un susto de mucho cuidado al oír el teléfono y el asunto quedó zanjado mientras comencé a escuchar a los inmortales Panchos, toda una delicia.

Cuando a uno le encaloman una anestesia general, duerme el sueño de los justos y pueden ocurrir dos hechos: que uno se despierte, ese fue el mío, o que el sueño sea eterno. Para qué discutir ahora sobre si la eternidad, en caso de que exista, será una gozada o un aburrimiento de mucho cuidado, pero lo que si puedo asegurar es que no existe mejor viaje que dormir a pierna suelta, te arranque lo que arranque el cirujano, y si te despierta, mejor que mejor.

Viene todo esto a cuento porque cuando ustedes, los que sean, lean este corto copo un servidor, por mor de una pequeña mancha hija de puta estará durmiendo el sueño de los justos del que, no lo duden, pienso despertarme y seguir dando la lata, bebiendo güisqui, hablando con mis amigos del Gran Vía, compartiendo mi soledad acompañada, escribiendo poesía, pensando en mis ficus y dunas, adorando de forma exquisita a mis niñas, las tres, y poniéndome al mundo por montera.

Pero si no despertara, que despertaré, pasaré la eternidad entre marismas y juncos, caracolas y silbos de nácar, artes de pescadores y un agradable olor a salitre.

Hasta más ver.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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