domingo, 18 de marzo de 2012

Estoy vivo...


Estoy vivo. Estoy muerto. Desollado
en dos trozos. Mi llaga es pentagrama,
partitura sangrienta que derrama
coágulos de canto amortajado.

Un dolor sostenido, inacabado,
como grito de un parto que no clama,
se expande. Todo es fulgurante llama
que me traspasa. Síncope abrazado

alrededor de mi garganta. Fina
polifonía de tormentos mudos,
cruenta tonalidad que en mí se clava.

Hasta la muerte su favor declina,
gimen mis huesos de tu amor desnudos
y mi boca agrietada a Dios ni alaba.

(Del poemario “Donde el viento silba nácar” de José García Pérez)

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