domingo, 26 de febrero de 2012

Ya nada siento


Ya nada siento en mi callada vida
y pasa el día de silencio lleno.
El tedio entristecido es mar sereno
que cubre, cual marisma sin salida,

la grieta de mi llaga conmovida.
El surco de tu ausencia, azul veneno,
penetra la frontera de ese cieno
y yace mi alma en sueños afligida.

Todo es bruma que envuelve mi camino
y cabalga en la noche su cansancio.
Muy lejana presiento la llamada

de alargados silbidos del destino,
preludio abierto al siempre soplo rancio
de la muerte de toda madrugada.

(Del poemario “Donde el viento silba nácar” de José García Pérez”

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