miércoles, 8 de febrero de 2012

Una miaja de mieditis


Ayer nos enteramos que una buena amiga, Maribel Fernández, compañera de póquer y de Valentín, se encontraba ingresada en el Hospital Clínico; fue Ani Lluch, esposa de Manolo Montes y peligrosísima a la hora de satearnos el parné con cualquier espécimen de trío, la encargada de darnos la noticia. Como da la casualidad de que el Clínico se encuentra muy cercano a la casa donde vive Ani, pensó la reina del trío en rescatar a Valentín una rato del Clínico para saborear una suculento rabo de toro que lo prepara mejor, ya es decir, que cualquier trío asesino. Nos invitó al manjar a mi compañera Rosa y al que escribe estas líneas sin pudor alguno.

A la llegada al lugar donde nos íbamos a sacrificar, nos recibió un cachorro “shar pei”, de no más de dos meses, juguetón y mordedor que me dejé señalada su dentadura en manos y barbilla. De ahí pasamos a dar cuenta del rabo en cuestión, que Manuel regó con un Muga del 2007 y, entre bromas y preocupaciones, nos zampamos esa parte última del toro en un santiamén.

Para la noche, en el restaurante La Dehesa, en compañía de dos escritores, cuyos nombres eludo escribir, teníamos preparada una conspiración literaria a la que le metimos manos entre anchoas del Cantábrico, carrillada en su punto y unos platos de jamón y queso que con dos botellas de Viña Herminia, consiguieron que trazáramos un plan perfecto para los fines que pretendemos conseguir.

De manera que sería cerca de la una de la madrugada que llegué a casa, donde antes de ir camino del catre encendí el ordenador para ver qué pasaba en el mundo y, a través de Facebook, lo que se cocía entre mis nuevas amigas y amigos.

Ya hoy, repuesto de ayer, comienzo a prepararme porque a las 17: 40 horas tengo una cita con un cirujano plástico que va a extirparme, mediante bisturí incorporado, una mancha con mala espina situada en mi querido abdomen, depósito de rabos, anchoas, carrillada y otras chucherías.

Lo que se dice miedo, la verdad es que no tengo; pero me preocupa que me prohíban ver el Barça-Valencia en el Gran Vía mientras me bebo un dulce pampero; todo esto viene a cuento, porque algunos y algunas nos vamos convirtiendo en una gran familia que intercambiamos pequeñas historias y algún que otro secretillo.

Y es que escribir es narrar; nunca pontificar.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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