viernes, 17 de febrero de 2012

PSOE-Sevilla-PP y Blas Infante


Primero vinieron a Sevilla los del “capullo” para escribir una página histórica de la política española contemporánea; ahora posa sus alas la “gaviota” para intentar hacer lo mismo.

Sevilla, “la ciudad que se basta a si misma”, y con ella toda Andalucía, se ha convertido en la fruta apetecida por los que mangonean el cotarro en Madrid, capital del Reino de la ruina.

Los del “capullo” se fueron de las orillas del Guadalquivir, con la Torre del Oro como testigo, peor que llegaron. Una guerra cainita entre Alfredo y Carme hizo que la flor se marchitara y más tarde, entre tambores de guerra en las distintas tribus provinciales, los machetes se encargaron de hacer rodar cabezas de uno y otro bando.

Los de la “gaviota” llegan que se salen. Reposan sus navajas en el triunfo obtenido el pasado 20 de noviembre. Toda España, a excepción de esta tierra de María Santísima, es de ellos y de sus familiares; respiran victoria por los cuatro costados y la “gaviota”, el ave más fea cuando descansa en tierra, no quiere lanzarse a un nuevo vuelo si no carga con La Esperanza Macarena y Jesús del Gran Poder.

Ni los del “capullo” ni los de la “gaviota” tienen nada que ver con lo que pensaba Blas Infante, el arrinconado y olvidado Padre de la Patria Andaluza, cuando decía: “Andalucía necesita de una intelectualidad, cuya obra sea un robusto poema cantado al día en que todos los poderes y bellezas, fingidos en un cielo extrauniversal, sean puestos y gozados sobre la tierra por el esfuerzo gigante y libre del hombre creador de una intelectualidad que con sus predicaciones y con su ejemplo consagre, como única fe, la fe en el esfuerzo providente que ha de realizar aquel glorioso destino, sujetando a un yugo de equilibrio y de armonía las fuerzas ciegas, naturales, incoordinadas y dispersas. Sólo por esta intelectualidad podrá redimirse y purificarse de sus estigmas el pueblo andaluz”

Ustedes perdonen, pero creo que esa intelectualidad no se encuentra entre las alas de la gaviota o en lo pétalos del capullo, sino que sigue dispersa, callada y sumisa.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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