martes, 28 de febrero de 2012

Pobre notario pobre


Acabo de asistir al acto institucional que el Ayuntamiento de Málaga ofrece, en el mal llamado “Día de Andalucía”, a Blas Infante en su modesto monumento. Al llegar, ya se encontraban los músicos y la sombra alargada del primer edil, su jefe de protocolo Rafael Illa, que, por cierto, estaba que echaba leches porque algunos, con nocturnidad, alevosía y radicalismo andalucista, habían realizado una pintada en la base del busto, con una leyenda en la que se leía “Pobre notario pobre”.

En el fondo, para qué engañar a nadie, me alegré, y digo y remacho que me alegré porque durante 364 días la mole y la blanca y verde se tragan toda la porquería acumulada durante el año, y en la madrugada del 28 febrero el Ayuntamiento coloca una bandera nueva y lava la cara de Blas Infante.

A continuación, el fasto comienza con la colocación de parte del cuerpo consular, una acumulación de concejales que se apelotonan para salir en la foto y el alcalde y un invitado, en este caso invitada, que intentan glosar la figura del notario de Casares (Málaga).

Francisco de la Torre Prados, alcalde, aclaró que en este día, sin olvidar la autonomía municipal, que Infante llama “autonomía generatriz”, iba a dedicar su corto tiempo sobre la necesidad de una sólida educación; estaría por asegurar, aunque no lo hago del todo, que Paco no ha leído “La dictadura de la Pedagogía”, una de las obras fundamentales del Padre de la Patria Andaluza.

A continuación la invitada, catedrática de Historia Contemporánea, disertó sobre la batalla de las Navas de Tolosa, de los escritores románticos que escribieron sobre una tópica Andalucía y, remató la faena, con el soneto de Machado, ese que dice “Málaga cantaora”; ni por un momento se le ocurrió nombrar la palabra “parado”.

Los músicos iniciaron los acordes del Himno de Andalucía, pero como ya decía ayer se comieron la segunda parte, la mejor. Hice la señal de la cruz y salí que me las pitaba gritando como hace años: “Viva Andalucía Libre”.

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