sábado, 4 de febrero de 2012

Peña Perchelera


El otro día me invitaron a almorzar a la “Peña Perchelera”, paraíso situado allá por calle “Ancha del Carmen”, nombre que dio lugar a una colección de poesía que el culto Ayuntamiento de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, asesinó con todas las de la ley, o sea, mediante Pleno ordinario, siendo Regidor de la villa D. Francisco de la Torre Prados y delegado de Cultura, el señor don Miguel Briones, al que Dios cuide por un distrito municipal que tiene asignado por orden y gracia del citado Alcalde.

Allá fuimos una avanzadilla comandada por Montoya, otro amigo de nombre Emilio y Fernando, un experto en el bello arte de manducar con cierto disimulo. Es la “Peña Perchelera” un símbolo de la vieja ciudad que, cuajado de fotografías de aquellos tiempos de riadas, se yergue ufana como avanzadilla de todo el tinglado de federaciones, asociaciones y demás corrillos que conforman la Málaga de la clase media.

De primero nos colocaron liebre con tomate, para a continuación largarnos conejo con champiñones y finiquitamos la reunión con un arroz caldoso en el que tuve la inmensa suerte, además de ser agraciado con esas asadurillas que engordan el colesterol, de ver flotando en el guiso una muy bonita media cabeza de conejo que chupé con deleite tántrico.

A causa de mi orfandad en el tema de partidos políticos, me afilié o asocié a la Peña Perchelera y ya, al menos, puedo decir que pertenezco oficialmente a algo en esta Málaga que se me escapa y no llego a entender del todo, aunque tampoco es necesario para seguir tirando.

En esto estoy, cuando he aquí que, en un lapsus de entrada en Google para ver qué pasa fuera del cuadrilátero de la Trinidad y del Perchel, me entero que existe un montón de hombres y mujeres del PSOE en Sevilla para elegir al Secretario/a General de su Peña y que, dentro de unos días, irán también a “la ciudad que se basta a si misma”, los peñistas del PP para darse un baño de multitudes y comilonas sin llegar, eso sí, a la que un servidor se pegó en la “Perchelera”.

Y me pregunto, aunque no deseo contestación, ¿por qué vendrán tantas peñas políticas a estos bastiones andaluces de los que, no hace mucho, ni Dios se acordaba?

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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