martes, 7 de febrero de 2012

Paradoja


Anoche viajé al santuario de los muertos. Estuve allí, pero no estaba porque yo estoy vivo a la vida. Murió un conocido. Acabó con su existencia. Voló su cuerpo al asfalto y su vida (?) fue partida en dos. Otros dicen que fue un suicidio.
Estaban otros conocidos en el “camposanto”. Hablaban de todo: presupuestos, crisis económica, ascensores, comunidades de vecinos y otras veces, las menos, del desconocido yacente. De tarde en tarde, intentaban dar razones a la “sinrazón” de acabar con un latido de vida.
Estaba ausente.
Observaba a los vivos-muertos. A la “vida” que habla de presupuestos, crisis económica, ascensores, comunidades de vecinos y otras veces, las menos, del conocido a quien todos desconocían.
Nadie hablaba de amor. Era momento de cadáveres, pero yo seguía viviendo en amor.

3 comentarios:

  1. Resulta extraño eso de que cuando se debieran tener unos sentimientos por alguna causa haya otros diferentes. Puede que sea un mecanismo de defensa del cuerpo para que éste no sufra tanto y que usted y yo no posemos. Que la eficacia de ese mecanismo sea proporcional al parentesco o afinidad que se tenía con la persona ya ausente.
    En todo caso, siento lo de ese conocido suyo.

    Un abrazo

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  2. Como bien dices, son fórmulas de autoayuda que permiten "librarse" de un mal momento; eso si, no olvidesm aunque no es el caso, que en literatura existe mucho de ficción. Abrazos.

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  3. Lo siento mucho, querido José, un abrazo fuerte. Y coincido contigo, ¡la de muertos que andan, respiran, hacen números y, como te descuides, putadas, incluso!
    un abrazo fuerte,

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