viernes, 24 de febrero de 2012

Los grises días (y V): y una explicación


Vi tu cuerpo sumergirse en los mares y desapareciste en su negrura; esperé lentamente ola tras ola a que alguna devolviera tu espuma. Lejana, en el ocaso de la aurora, cogida a los destellos de la luna, se desplazaba majestuosamente la infinita masa puesta ternura, llena de aromas, de amores prendida; yo al borde te besaba en su ruptura.

Lentamente cansado en mi camino, voy quebrando despacio la hojarasca y camino tortuosas callejuelas por donde vuelan espacios de mi alma. Yo creo y construyo sinuosas cuestas de imposibles encuentros de mañana. Nunca llego, resbalan mis sudores y siempre en la cúspide de la nada te pones altiva, distante y lejos de mi seca vida, dulce cascada.

Se agrietaron las ilusiones rojas descabalgando leyendas y rimas; los contrastes blanco y negro aumentaron: más blanca la blanca luz cantarina, más negra la negrura de los cielos. ¡Alma mía, la libertad anida y los pájaros con sus picos ponen ramilletes verdes desde la encina; no quiebres con canciones de sirena el nidal que construyo con tu vida!

Vuela si quieres volar. Vuelo lento, despacio, casi prendido a la tierra, no despegues de pronto, no te vayas ni te quedes siempre, reposa y vuela. Cogerte quiero, a la playa llevarte y lanzarte al cielo puesta cometa, izar tu cuerpo suavemente y verte volar prendidos tus brazos y piernas, extendiendo tu silueta al espacio y ya lejos; atraerte con fuerza.

EXPLICACIÓN: Amigo o amiga: si has seguido estas cinco entregas de “los grises días”, has leído lo que se conoce por “poema épico”, en este caso compuesto por 240 endecasílabos. No es un poema correcto, porque dichos endecasílabos, adrede, son galaicos, sáficos y yámbicos. Existe, pues, un grieta musical que lo aleja de la ortodoxia lírica, pero lo acerca a la heterodoxia del amor; es por ello, que nunca introduje un corrector para limar la aspereza de algunos endecasílabos. Y que el amor tiene sus aristas.

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