miércoles, 22 de febrero de 2012

Los grises días (III)


Pasan junto a mí, son serios rosarios de hombres iguales, personas talladas por los mismos cinceles. Formaciones caminando de hormigüelas humanas buscando formas de ganar dinero no encuentran la vida, no tienen nada. Yo rebusco en mi adentro, con martillos y cinceles de carne esculpo mi alma; de cada golpe manantiales nacen que surcan mis venas y amores cantan.

Hojas secas, pálidas en el parque, cascarillas frágiles de jardines pisadas en el suelo del camino, quebradas, ajadas, rotas, no gimen. El aire las columpia sin templanza; se mecen, van y vienen, vuelan tristes. Mis secas palabras sin riego tuyo son huecas de vida y alma, son esfinges como torre sin obelisco, dioses quietos, sólidos, demasiado firmes.

Caminaba esta tarde por el parque pensando en mi paseo entristecido las causas próximas de mi atonía, y en el languidecer me vi asumido por aromas de flores, claras brisas de perfumes embriagantes, y trinos de pájaros locos voloteando en remolinos. Alcé mi frente al cielo azul celeste, bajé la vista al suelo mortecino.

No hay cielo por arriba de mi pecho ni suelo por debajo de las nubes; toda la gloria cabe en mi delirio y el infierno se torna mansedumbre. La vida brota a salto de cascadas, los parches negros renacen azules. Cultivo son mis venas de las rosas, todos los trinos mi cabeza cubre y se ensancha mi viejo corazón cuando sueño y descubro tus virtudes.

Quise asirme a la fresa de tus labios y endulzar mi amarga boca agrietada por burbujas repletas de impotencia., carestía de besos color malva. Te prendí del cuello junto a la nuca, formé un lazo contigo, por tu cara deslicé lentamente mis mejillas y busque con ansias tus perlas claras. Fue un destello de cielo en la tierra, un hálito divino me impregnaba.

www.josegarciaperez.com

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