martes, 21 de febrero de 2012

Los grises días (II)


Disimulo como puedo mi eclipse cuando los destellos yacen nublados por densa niebla que lo envuelve todo. Nieblas de arenas sostienen tapados: besos, palabras, canciones, sonrisas, silencios, caricias, largos abrazos, caudales de amores sin luz de riego. Nieblas de olvidos, recuerdos ajados yo los disipo con sorbos sin aire, sorbos de vida de mi bien amado.

Penetran en mi alma trozos de tallo de verde esperanza, son mensajeros de largos abrazos en noches frías. Cuando tus ojos miran, los contemplo mientras me ciegan durante un segundo, y en el fondo de mi cadáver, veo que resucitan y suenan mil gritos como sones de campanas de templos. Nacen las voces, fuera salir quieren, pero no las dejo, las encadeno.

Quisiera cubrirte de bellas rosas, libar tu cuerpo con amor divino. Quisiera parar y robar el sol, con sus rayos abrasarme contigo. Quisiera asir la luna anaranjada, eclipsarla, robarla, con ella irnos. Quisiera recoger de los sagrarios, la vida que late de Jesucristo, unir toda la Vida en un abrazo y volar juntos a nuestro destino.

El vértigo de tu presencia grata, en la densa nube de seres tibios, regó de claridad el gris terreno y mostró fresco los nuevos caminos. Las camelias cubrieron con prestancia los oscuros huecos del largo abismo y se enredaron con cálidos besos levantando telares peregrinos. Prestaron los dioses su esencia frágil y el gris terreno fue paso divino.

No son gritos ni silencios: suspiros de largos vaivenes, suspiros largos, lamentos rotos que rielan el alma y salen fuera, diciendo callados de forma suave, serena, profunda, en rasgos de tierno sabor humano: deseos de pasiones sostenidas que la brisa reconcilia en sagrado. Tampoco suspiros: bellos requiebros mi corazón vierte estando a tu lado.


(NOTA: Lo siento, pero no es política)

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