domingo, 5 de febrero de 2012

Lo eterno: Rubalcaba


Los hay que gustan de la eternidad, hablar de ella y, en especial, penetrarla, ser inmortales. En cambio, otros pasan de ese estadio de existencia y, si no son tolerantes, se dedican a demostrar a los de enfrente que están en otro mundo.

Los primeros, por regla general, son creyentes religiosos y casi todos de derechas, aunque puedan infiltrarse en sus filas algún que otro agnóstico; el ateo se da muy poco entre ellos. Los segundos presumen de agnosticismo, algo de ateísmo y nada de religioso; pertenecen, salvo en contadas excepciones, a partidos de corte izquierdista.

Aunque en franca minoría, los hay que su visión de lo eterno se concreta en la fugacidad de la felicidad, en la instantaneidad; y recuerdan, una y otra vez aquel beso de septiembre que hizo vibrar los juncos que aúnan nuestras neuronas, y no existe fuerza divina o humana que les desbarate esa manifestación que, aunque humana, es sagrada y conviven “eternamente” con ella.

Pues bien, esta primera parte del rollo viene a cuento por lo ocurrido este fin de semana en Sevilla durante el Congreso del PSOE que ha votado mayoritariamente por lo eterno, a saber, por Alfredo Pérez Rubalcaba, lo que viene a representar, según mi punto de vista, una clara confrontación con sus ideales de izquierda laica y no creyente en fenómenos trascendentales.

El ser huérfano político, dicho de otra forma el no tener carné de pertenencia a partido alguno, me hace algo más libre a la hora de manifestar ciertas opiniones sobre el baratillo de la política; y libre total, cuando para mí la eternidad es el sabor a felicidad que aún poseo en mis labios tras el beso de septiembre.

Es por ello que digo, sin temor alguno a equivocarme, que los delegados socialistas desplazados a Sevilla para iniciar la reconquista de España han optado por la eternidad a la hora de elegir al que fuese todo en política con Felipe y Zapatero, y que si ha saboreado las mieles del poder, que es cierto, también ha protagonizado la mayor hecatombe del PSOE, pero que sea el cenit o nadir, o sea, esté en lo más alto o en lo más bajo, siempre emerge como el Dios eterno.

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