jueves, 16 de febrero de 2012

De Reformas y Contrarreformas


No será un servidor, por cuestión de ignorancia, el que ose enjuiciar la Reforma Laboral que el gobierno del Notario Mayor del puzzle llamado España, señor don Mariano Rajoy, ha aprobado y que, con toda seguridad, salvo algún punto y coma, será refrendada por Las Cortes Generales. Y digo ignorancia, porque en los años que anteceden a este 17 de febrero no he sido, en el buen sentido de la palabra, currante; así como tampoco, en el sentido que ustedes deseen darle, empresario.

Sencillamente he desempeñado el trabajo de maestro escuela, en sus múltiples acepciones, y con las habichuelas aseguradas de por vida, todo mi saber económico consistía en no equivocarme al dividir entre treinta días el sueldo mensual que percibía, y en no pasarme de rosca con el cociente obtenido. Parece mentira, pero es cierto que mi primera paga, herencia del franquismo, fue de 680 pesetas que, divididas entre 30, me otorgaban la posibilidad de poder gastar 23 pesetas diarias, o sea, no llegaba a 0,50 euros diarios para desayunar, comer, cenar, dormir y fumar; fue por ello, y no por amor al arte, que inicié el camino de horas extras dando clases particulares a chavales que estudiaba el bachillerato por libre, ya que en aquellos tiempos no existían Institutos en los pueblos. Palabrita de honor, o del Niño Jesús, que lo que acabo de referir es más verdad que el PP sea el partido de los obreros, como dice la brujilla mayor de Castilla La Mancha.

Pero aunque ignore todo el farragoso temario economicista, no tengo más remedio, para honra familiar y de mi autoestima, que parece, según leo y llevo estúpidamente escuchando durante días, que esta Reforma Laboral no gusta nada a los hasta ahora durmientes, Toxo y Cándido, y sí agrada, tampoco lo tengo nada claro, a los empresarios; por lo menos, estarán de acuerdo en que es y va a ser discutida.

Lo que sí tengo claro, aunque no crean que demasiado, es que con la antigua Reforma Laboral, unida a la codicia de banqueros y usureros, y rematada con el hombre que exclamó que “la Tierra es del viento”, olvidándose de los fatídicos Mercados, hemos llegado a superar los cinco millones de parados, dato éste que tampoco creo cuando veo la pompa, no el pompi, de la Reina del Carnaval de Tenerife.

Pues bien, o hacemos una Contrarreforma o, sin más, iniciamos la Revolución; armas tenemos para ello, un ejemplo: si todos los españoles nos ponemos de acuerdo en que en un determinado día retiramos de bancos el 10% de nuestra calderilla, sea mucha o poca, toda esta mandanga se irá al garete. Ya tendrán más noticias sobre tan sugestiva propuesta.

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