jueves, 9 de febrero de 2012

Catorce puntos


Los “catorce puntos”, título de este artículo, no forman en su conjunto un programa político, sino los puntos que el cirujano incrustó, en el día de ayer, en mi costado izquierdo y que creo merece la pena narrar su historia por las señales de cariño que he recibido desde ayer a hoy, incluido ahorita mismo.

Pues verán ustedes, un servidor se presentó limpio como una patena a la Clínica llamada “El Pilar” a la hora acordada, y tras presentar mis credenciales subí a la primera planta donde una enfermera, vestida de verde, me entregó una bata que nada cubre, unas pantuflas verdes y una especie de gorrillo del mismo color, al tiempo que me decía el gorrillo es para cubrir el pelo. Le quise indicar que no tenía pelo alguno, pero no me dio tiempo por sus prisas en largarse, por lo que no sabiendo que hacer con mi ridícula coleta, no confundir con colita, me desposeí de la gomilla, recogí el reguerito de cabellos, y tras hacerme un nudo con ellos, me encasqueté el agujereado trapo.

Venga conmigo, me ordenó otra de verde. Ni lo pensé ni lo discutí, y fue por ello que terminé en un quirófano y todo; eché el esqueleto en una dura camilla y apareció el simpático cirujano. “Esto le va a doler”, me comentó; encomendé mi espíritu a la Virgen del Carmen y me dije que sea lo que Dios quiera. Lo que me dolió fue el pinchazo y la rociada de anestesia local; el buen doctor comenzó a hurgar en parte de mis entrañillas, pero no me enteraba de nada, tan sólo pasada una media hora si comencé a sentir el tirón de los puntos anudando la herida.

Le comenté al cirujano si podría ver el Barça-Valencia en “El Gran Vía”, sin problema, me dijo. Yo quería más, por lo que volví a mi pequeña guerra “¿y tomarme un tinto con jamón?”, siempre que sean buenos no hay problemas, insinuó el santo cirujano; “¿y un güisqui?”, lo mismo de antes, tiene que ser bueno; “¿un carduch?, por ejemplo”, perfecto, confirmó el santísimo doctor.

Así que con una caja de nolotil incorporada al bolsillo, por si las moscas, di cuenta de un Balba Gran Reserva Ribera del Duero, caña de lomo que me recomendó Antonio y, para no pasarme de rosca, dos bellísimos y buenísimos Carduch. Sentí una leve molestia, y bajó en forma de ángel un mensaje al móvil; era de Magda Robles. Y soñé, y en el sueño fuisteis apareciendo todas y todos, Ana Pastor, Clara, Paco, Gioconda, María St…

Me sentí querido, y cuando llegué a casa comencé a acariciar el ordenador y a todos y todas os abracé y besé. Gracias.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

3 comentarios:

  1. Me alegro por todo ello, menos por ese el mal trago que luego tornó hasta bueno.
    Abrazos

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  2. ¿ya estas bien tio? no sabia nada.Cuidate!!!! besitos de tu sobrina " la bética"

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