lunes, 30 de enero de 2012

Poetas y POETAS




Están los poetas “cobijados”, y los POETAS. Los “cobijados” emergen a la sombra de un vate de experiencia. Se descubren por el tufo que desprenden en el sobeo de dar o estrechar la mano; la dejan tonta y parece un tejeringo pegajoso. Los POETAS, son.
Están los poetas de “circunstancias”, y los POETAS. Los de “circunstancias” llegan a la poesía a través de un acontecimiento que ha venido a perturbar su vida y razón. Se sienten obligados a comunicar su alegría, tragedia o descubrimiento. No son malas personas, sino iluminados del momento. Los POETAS son el acontecimiento.
Están los poetas de “Facultad”, y los POETAS. Los de “Facultad” piensan que por saber, leer y beber en los clásicos están facultados para ser poetas. De ven en cuando sueltan una chorrada culturista y creen haber descubierto una galaxia poética. Los POETAS captan lo profundo y sencillo de la vida.
Están los poetas de la “experiencia”, y los POETAS. Los de la “experiencia” cuentan siempre el mismo rollo en ritmo endecasilábico. Leyendo a uno, se han leído todos. Son jóvenes, pero no tanto como ellos creen. Los POETAS no tienen edad.
Están los poetas “oficiales”, y los POETAS. El “oficial” es el llamado a filas en cualquier evento institucional de la provincia. Lo mismo te azota con el pregón de la feria del libro que con el prólogo de un catálogo de pintura. Dan de comer a una pléyade de esmirriados poetillas con las migajas de hacer de jurado o dar recitales en poblaciones inferiores a diez mil habitantes. Los POETAS, mientras tanto, crean.
Están los poetas de “editoriales” y los POETAS. Los de “editoriales” conforman un reguero de babilla pelotillera por los entresijos de la comercialización del libro. Sueñan con la inmortalización de su obra en un libro de pasta dura. Los POETAS no duermen.
En el dial del otoño, cuando la sintonía se encarama en la red de la duda, se abre paso, sin empujones, la figura del POETA. Su sombra es una más en la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia. Juega a volar con las hojas que aúllan por el Paseo de los Curas. La sombra del POETA maúlla por la calle Ancha del Carmen. Ya nadie se acuerda de aquel asesinato político de la poesía; el POETA, sí.
El POETA está llamado a ser dios. Tan sólo en el POETA descansa la esperanza del mundo.

(Del libro “El husmeador” de José García Pérez)

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