sábado, 14 de enero de 2012

Andalucía, la decisión (IV)


En la madrugada del 2 de marzo de 1979, los miembros de UCD de Málaga que computábamos los primeros datos de las Elecciones Generales no dudábamos de la pérdida de un diputado. Horas más tarde, y con los votos de la Serranía de Ronda, se conseguía el tercer diputado, o sea, ni segunda acta. Mientras, el PSOE malagueño perdía un escaño que era recogido por el PSA-PA en la persona de Miguel Angel Arredonda.

A nivel nacional se había registrado una cierta conmoción ante la inesperada ascensión del Partido Andaluz que lograba colocar por primera vez en la historia cinco diputados de estricta obediencia andaluza.

Los comunistas malagueños, una de las principales agrupaciones de España, analizaban, con serena perplejidad, cómo el PSA-PA les había superado en votos en la capital malagueña.

La razón de aquel “milagro” había que buscarla en el encuentro del pueblo andaluz con el Andalucismo Histórico; y ello es: ver la tierra donde uno vive con peculiaridades distintas a otros pueblos de España, empezar a sentir los efectos de una política discriminatoria, intentar comprender y aprehender el mundo de los jornaleros andaluces; y todo ello a pesar de que Martín Villa hubiese considerado este nacionalismo como ocasional.

Cabe hacerse una pregunta esencial que es merecedora de una respuesta sincera: ¿qué ha hecho o qué hizo el Andalucismo con aquel tesoro de confianza que el pueblo depositó en sus manos?

En primer lugar hay que asumir que los dirigentes andalucistas, no me considero tal, se dedicaron a mantener una guerras cainitas propias de un colectivo pequeño y de un desconocimiento total de la utopía de Blas Infante; en segundo lugar, el PSOE vio en el PSA el enemigo a derribar y de ello se encargó Alfonso Guerra; y en tercer lugar, el resurgir del nacionalismo andaluz que introdujo dos diputados autonómicos en el Parlamento de Cataluña con los votos de los emigrantes andaluces se convirtió en un grave problema de Estado.

Y entre todos acabaron con ese colectivo que los andaluces dicen añorar, aunque me consta que es pura mentira.

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