jueves, 12 de enero de 2012

Andalucía, la decisión (III)


No sé si sabrán que “Andalucía, la decisión”, es un libro que escribí para mí con motivo del XXV Aniversario de la Constitución Española, y que no tiene más motivación que recordarme que en un momento dado aposté por poner al servicio de Andalucía toda mi ilusión política; y ello, como así ocurrió, sabiendo que tal decisión me iba a traer más de un problema político, social y familiar. Por aquel entonces, hace ya tanto tiempo, la utopía era una forma sana de vivir y soñar, existía una especie de encantamiento de la política y la corrupción no había sentado sus reales en la democracia.

La primera Legislatura -la llamada Constituyente- cerró sus puertas y en las filas de la UCD malagueña, tras la traca relatada en los dos “copos” anteriores se había abierto una falla entre sus dirigentes provinciales.

Hoy deseo hacer un paréntesis en este relato que estoy intentando despertar, ante la noticia de que las elecciones andaluzas se celebrarán el próximo 25 de marzo, según ha confirmado el actual Presidente de la Junta de Andalucía. Dicha fecha coincide con el Día de la Anunciación, san San Dimas, el buen ladrón y con el adelanto horario; parece como si el señor Griñán haya escogido tres acontecimientos que aligeren algo la compra y venta de voluntades.

Bien, por un lado vamos a encontrarnos con Javier Arenas, el político que siempre ha sido derrotado, tanto en elecciones autonómicas con en generales, en Sevilla, donde el canijo de Alfonso Guerra ha llegado a sacarle, en ocasiones, más de 30 puntos; junto a él, nos encontramos con el intelectual, pero muy tristón, de Pepe Griñán que ha heredado de manos de Manuel Chaves un territorio donde la corrupción ha acampado y que debería ser motivo para ser largado del mismo; claro es que los compañeros de Arenas, con los “trajes” de Camps, los tarritos de caviar, los gurtelianos dejándose querer y Jaume Matas con caca hasta el cuello casi aventajan al ex Director General de Empleo de la Junta.

Pues bien, a pesar de ello, son estos dos partidos los que tienen todas las de perder o las de ganar, o viceversa porque viene a ser lo mismo. Unos, los hijos de AP, porque dijeron NO al Estatuto de Andalucía, aunque ahora la definan como identidad nacional; los otros, los antiguos compañeros de Rosa de UPyD, porque hicieron de esta tierra un cortijo donde crecieron los cardos, los clanes y la cocaína al compás de sevillanas y alegrías.

Izquierda Unida puede desequilibrar el posible poder absolutísimo de la derecha, y los nuevos nacionalistas del PA siguen entre escombros.

Así nos va y así vamos a seguir. Esto no da para más.

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