martes, 6 de diciembre de 2011

Un día loco


En cualquier periódico normal, una columna como la presente es motivo suficiente para dar de baja al autor de la misma; pero este digital www.diariolatorre.es no es muy normal que digamos, pues si deja expresar, mediante anonimatos, lo que cada quisque desea comentar, lo mismo debe hacer con sus columnistas de pro y contra. Más aún si el “dire” sabe, mediante comunicación telefónica, que el menda no está en sus cabales por mor de un vino de crianza y media docena de güisquis o agua de fuego.

Todo comenzó cuando un servidor de ustedes, casi de madrugada, apareció por una maldita farmacia 24 horas para buscar “zarator”, una caca que sirve para apaciguar el colesterol que nos quiere joder, y digo joder, porque esa es la palabra que mejor define a ese deseo de enviarnos al otro mundo, si es que existe, por estrechez consumada de nuestras arterias.

Tenía un servidor de ustedes, y de MagdaRi, Ana Pastor y María St, un almuerzo de muerte súbita, quiero decir con tonterías como gambas rojas de Garrucha, quisquillas de Motril, gambas blancas de Málaga, cigalas de la bahía de esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, coquinas de vaya usted a saber de dónde son, y así hasta llegar a las benditas concha finas que están de rechupete; todo ello regado como Dios manda y Rajoy afirma, con vino de buena crianza al que se añade tarta inglesa de doña Carmen y otras lindezas por el estilo.

Pero antes de todo ese bacanal, se los juro por el vecino del quinto, que llamé a mi amigo Valentín Robles para decirle que lo quiero aunque haga meses que no nos vemos, y le dije que le transmitiera mi cariño a su mujer Maribel y a mis amigos Manolo Montes y Ani Lluch, que hace una pizca de tiempo nos veíamos con frecuencia, pero ahora, ya saben, que si uno por la rodilla, el otro por el pulmón y la de más allá porque sí, ni nos vemos y casi no nos queremos; el tema, amigos, hay que arreglarlos con un par de besos sonoros.

Pues bien, perdonen el rollo, acabado al santoral mariscos, ella, la “compi”, se introdujo en el catre y yo, lo que son las cosas, en el Gran Vía con el Montoya, Paco, Emilio, Antonio, Manolo, Pepe, Antonio y todo aquel o aquella que deseaba, o pudiera desear, tomar una copa de más, nunca de menos, para celebrar el día de la Constitución; porque es así en la amistad donde se celebran efemérides importantes.

Amigo Javier, director de este alegre digital, si lo deseas puede usted darme de baja; aunque eso sí, mañana, Dios mediante y sin güisqui de por medio, prometo ser más serio.

Y os digo a todos algo más, a saber, Viva la Libertad, pues esta columna en tiempos de Franco no había nadie capaz de escribirla.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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