viernes, 23 de diciembre de 2011

La más buena de todas las noches


Algunos andan engolfados en cambiar el belén por el árbol y la zambomba por el CD. Otros han enviado a los infiernos al anís y lo han cambiado por el vodka acaramelado, y los hay empecinados en descabalgar al rico mantecado por el melocotón en almíbar. Allá ellos. Sé que el progreso se impone en forma de productos congelados de color rosa suave, desplazando de las esquinas el aroma de un buen pavo o un mal pollo de la posguerra por la nada; pero yo, por una noche, la más buena, vuelvo a las raíces y llevo de mi mano a los míos sin posibilidad de escape. Lo tengo dicho: “si no hay zambomba, estrella y portal de Belén os desheredo”

Hoy es la más buena de las noches que podemos vivir. Unos por fe, otros por querer ser. Siempre hay quien pide más y nos dice que Navidad es todos los días. Seguro, pero yo me conformo con uno. Si hay dos, mejor, pero si al menos durante veinticuatro horas nuestro corazón deja de ser de piedra y se convierte en carne que late, sabremos gozar de ser humanos, no más, sino sencillamente humanos, personas.

Siempre canto el mismo villancico; después echo el resto entre tangos y corridos mexicanos, pero aquél que aprendí entre las grietas de los pezones de la señora Antonia no hay un progre que me lo birle.

Y además, para escarnio del schnapps de avellana o el manzana verde, alzo la copa de anís con polvorón incorporado y brindo por la paz, por l@s amig@s y por la ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, o sea, por toda esta gente que acaricia al regazo del monte y de la mar.

Por la paz, algo más delicado que la tediosa tranquilidad; por la paz que desprenden la libertad y la tolerancia; por la paz que se perpetúa en la sonrisa y no en la facilona carcajada; por la paz que quiero y deseo, la que viene de la mano de la justicia.

Y brindo por Málaga, la que me acoge hace más de cincuenta años. La que me hizo y deshace; por su torbellino de ciudad libre, abierta al mar del asombro y al mar que besa las entrañas de sus hijos.

Es Navidad, la noche más buena. Alzo el anís, suena el pandero, retumba la zambomba. Felicidad es el nombre. Que a todos y todas nos cubra. Ese es mi deseo.

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