domingo, 25 de diciembre de 2011

La Madelon, la resaca y las sobras


Si la Nochebuena es la repera, el día de Navidad es el de la tranquilidad: los bares cerrados, la garganta jodida, el estómago puede anidar al helicobácter y pulula por las calles un ambiente de nostalgia que nos cubre.

Aquí, en Málaga, hay costumbre de tomar unas copichuelas al mediodía, algo así como preparar el cuerpo para la gran noche. Ya sabrán que yo me las tomo en el Gran Vía en compañía de los y las que lo deseen. Nuesto himno es La Madelon que, entonada por el perchelero Paco Montoya, nos hace entrar en el fragor de la batalla.

Una vez que nos metimos en harina, saqué de la bolsa de plástico la zambomba, el pandero y las fotocopias de unos villancicos que había confeccionado la noche anterior. Así que con el famoso estribillo de los peces que nunca se cansan de beber, echamos manos al nuevo, que dice: “Beben y beben y vuelven a beber/ la gente del Gran Vía, por ver a Dios nacer// Pero miran como beben/ la gente del Gra Vía,/ pero miran como beben/ por ver parir a María”

Y así, y con aquello de que “En la puerta de un rico avariento/ llegó Jesucristo y limosna pidió,/ pero en vez de dar la limosna/ los perros que había se los achuchó// Pero quiso Dios/ que al momento, los perros rabiaran/ y el rico avariento pobre se quedó”, cantado, lógicamente, con música de Los Campanilleros; y así, decía, trascurrió la tarde hasta bien entrada la noche y la “pastorá” se dispersó en busca del portal casero y la cena de rechupete. Antes, los integrantes del grupo habían dado fe y firmado en mi pandero -sed buenos y buenas- el buen rato que habíamos pasado sin mezcla de mal alguno, o sea, el mismísimo cielo.

Después llegó la gula sin bula, y fueron cayendo los avíos que la jefa había preparado para el momento. Rosamary, la niña, la siempre niña, nos acompañó, pero entre las dos intentaron que la tele fuera un acompañante más, y ni hablar, les dije, “no es la ocasión, nos bastamos nosotros”. Y fue espléndido el trío cantando aquello de “Abre molinero abre/ la puerta de tu molino/ que soy la Virgen del Carmen/ que vengo a moler el trigo…”. Y cayó el bogavante no canadiense y el cava, catalán de pura cepa.

Hoy nos tocan las sobras y el almax, pero que nos quiten lo “bailao” que una noche es una noche, y más si es la más buena.

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