jueves, 29 de diciembre de 2011

A la Chita callando


Primero murió Tarzán en el año 1984, Johnny Weismüler; más tarde Jane, Mauren O´Sullivan, corría el 1998; años después, Boy, Johnny Shefield, allá por el 2010; y hace unos días Chita, la mona que era mono, o más bien chimpancé. Todo un cuarteto que hizo felices a la chavalería de la posguerra con sus andanza entre selvas, cocodrilos, Nueva York, cortadores de cabezas y gritos de Tarzán de los monos entre las lianas que envolvían a aquellos inmensos árboles de no sé que selva. Después llegaron otros tarzanes, janes, boys y monos pajilleros que fueron malos imitadores de aquella maravilla que era aplaudida a rabiar por los niños nacional-católicos que comían bocadillos y devoraban pipas de girasol en cines cerrados y nadie protestaba.

Ese fue el cuarteto de mi vida, oh cuántas noches he soñado con las andanzas de aquel Tarzán con su erótico taparrabos y sus cuatro o cinco medallas olímpicas que nadaba como pez en el agua. Después llegaron otros, pero la lata de lo que fuese que se bebía Chita o la forma de decir “comida” de Tarzán, jamás fue superada por sus sucedáneos.

Y es que eso es lo que ocurre, que al final uno se queda con la química, cosa que no se sabe muy bien qué cosa es, pero que une a las personas. Si ustedes me leen con cierta asiduidad, comprenderán muy bien lo que deseo transmitirles en la tardenoche de hoy.

Si no me leen, allá ustedes, porque no habrán comprobado que antier gasté una broma que, por ser el día que era, se puede adjetivar como inocentada. Solicito el perdón de aquellos que se tomaron en serio mi pajolera forma de entender la vida y, además, hicieron algún comentario en Diariolatorre o en Facebook. Hubo otros amigos que callaron, o sea, ni leyeron el titular, pero que los comprendo, los quiero y los acepto como son, porque no se diferencian en demasía de cómo es un servidor de ustedes.

Ahora bien, lo de FB es rancho aparte; verán ustedes, tengo más de 400 amigos virtuales en esa red social a los que no sé si les llegan mis escritos pues no se molestan ni siquiera en pinchar “me gusta”. Y todo ese imperio de amistad virtual queda reducido a no más de una docena de personas, sirvan de ejemplo: Magda Ri, Ana Pastor, Basallote, Domingo, Lola Alcaide, Luciano, Juanjo, Beli, Calantonia, Salva, Reme, Gioconda, Manito, etc.

Pues bien a ellos y ellas, a la chita callando, les pregunto: ¿borro al resto? Y si lo intento hacer, cómo lo hago. Y es que la verdad, oh Magda y oh Ana, estoy loco por pasaportarlos.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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