lunes, 26 de diciembre de 2011

De yámbicos y yernos


Los políticos, a excepción de algunos grupos, se arremolinan por aplaudir al Rey en su discurso de Navidad que yo, por cierto, no pude escuchar. Hoy, por ayer, la prensa me lo vuelve a servir en bandeja, pero es tanta la tarea que tengo con un endecasílabo yámbico que no puedo entretenerme absolutamente en nada.

Eso sí, me llegan rumores de que estuvo duro, aunque sin nombrarlo, con su yerno. La verdad es que su Majestad no posee, al igual que todos los Borbones, un fluido verbo y el nombre del marido de la infanta, presunto estafador, tiene cierta mandanga si se quiere pronunciar de sopetón; de ahí que lo comprendo y lo perdono, pues yo no ni siquiera sé escribirlo.

Igual ocurre con el endecasílabo yámbico, el más difícil de construir porque tienen que estar acentuadas las sílabas pares. Ahora bien, una vez escrito suena mejor que el apellido del cuñado del Príncipe de Asturias, o si no lean este que les muestro: “te busco al alba donde muere el viento”

También me dicen que ha pronunciado que “la justicia es igual para todos”, un dicho que queda bien y más en boca de la realeza, pero que si penetramos la calle de abajo, esa por donde los indigentes rebuscan en los contenedores sobras de alimentos, comprendemos que esta sociedad no es justa. No me riñan, tranquilos los monárquicos de pura cepa, pues sé que no es esa la justicia a la que se refería SM, sino a la que un ex alcalde jerezano definió que era “un cachondeo”; y ahora qué, con cual de las dos nos quedamos.

No me respondan que pueden ir a la trena por parte de togados; valium 5 al canto y mutis total, no sea que la justicia se dispare. Así que yo, al igual que los monárquicos convencidos, tranquilo al máximo.

Y aquí me quedo horas y horas intentando dar solución al yámbico en cuestión; pues no es moco de pavo convertir en milagro “los grises días del andar perdido”. Bingo, salió.

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