martes, 13 de diciembre de 2011

Celia Villalobos, la dama roja del PP


Corría el 26 de marzo de 1997 cuando escribí un copo titulado “La dama roja del PP”, en alusión a la entonces alcaldesa de Málaga Celia Villalobos. Eran tiempos en que, casi convertido en cronista oficial de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, recogía a tiempo y destiempo variados aspectos políticos de esta mujer que, si ella hubiese querido, daban para escribir un libro que bien pudiera haber llevado por título “La alcaldesa y el columnista”.

Existió una cierta química de amistad entre nosotros que el paso del tiempo y mi desidia con mantener relaciones, ha conseguido que, sin distanciarnos, haga tiempo en que ni hablamos ni nos vemos; ella sigue con su política y yo con mis cosas.

Tal vez alguien, tiene que ser amigo, lea estas letras y le comente que, por un día, he vuelto a las andadas; pues bien, que de paso le dé mi más cordial enhorabuena por haber sido elegida Vicepresidenta 1ª del Congreso de los Diputados, cargo que no es moco de pavo.

Celia suscita amores y odios, por eso es de las mías. Cae mal a los conservadores natos y bien, a los anarcos. Desde 1995, año en que consiguió la Alcaldía de Málaga, esta ciudad y su provincia deben a ella una buena parte de las victorias del PP. Tuvo y tiene una forma distinta de hacer campaña que después otros copiaron; nunca le costó esfuerzo hacerse una más del pueblo, dejarse magrear por el mismo, acercar el poder a los habitantes de los barrios y tomarse un café con churros con las vecinas de La Palma y La Palmilla, barrios que eran territorios exclusivos del PSOE y del PCE.

Se le puede acusar de deslices inapropiados (lo del espinzazo y lo de Manolo el chofer, pongamos por caso), pero allí donde había un voto por pelear allí, aunque fuese dando vueltas a La Noria, estaba “la dama roja del PP” dispuesta a conquistarlo.

Si yo hablara de todos y todas l@s que hablaron y comieron en aquellos tiempos conmigo para pedirme consejo sobre si debían estar más cerca del aparato del PP que de Celia “la locomotora”, se les mudaría el color de la piel; pero a todos les dije lo mismo: ella es el ejemplo a seguir.

Yo le debo un favor que nunca olvidaré, fue la primera que estampó su firma en un documento que, hoy todavía empantanado, intentaba un reconocimiento oficial a mi persona; gracias por el detalle y mi más cordial enhorabuena a la que hoy, por ayer, iba vestida de rojo para tomar posesión de esa Vicepresidencia 1ª del Congreso de los Diputados.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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