martes, 8 de noviembre de 2011

¿Y de la corrupción?, estúpidos


Llegó primero Rajoy, tan grande y hermoso el hombre. Tras él apareció Rubalcaba, tan esmirriado y feo el hombre. Unas fotos por aquí y otras por allí. Algunas más. El impecable y aburrido Campos Vidal presentó la cosa. Abrió fuego Mariano, y respondió preguntando a la brava Alfredo.

Y así una y otra vez. La cosa se puso mejor cuando un dulce pampero se posó en un vaso repleto de cubitos de hielo en el que, con parsimonia, escancié una coca cola 0 para hacer el juego a los que desean ser presidente de casi todos los españoles.

Estaba yo esperando que alguno de ellos respondiera a las preguntas que se hacen los tertulianos del Gran Vía, pero ni por asomo. Ellos, los candidatos y sus respectivas cohortes van a lo suyo, y nosotros a los nuestro, o sea, a nada.

Observé con detenimiento que el combate estaba apañado, o sea, que había tongo y que nos estaban dando carnaza para entretener nuestra existencia, beber algo más de la cuenta y pasar un rato sin hablar de fútbol y “el Cuco”.

Ellos, los contendientes, es un decir, seguían erre que erre ganándose el jornal a base de cosas sabidas y otras por saber, pero de buena parte del cogollo del que habla el pueblo, mutis por el foro. Y así seguían y seguían, y yo escuchaba, después oía y pasado un rato pegué una cabezada.

Pensé que podía haberme perdido lo más interesante, fue por ello que llamé por teléfono, pregunté y nada de nada.

Vamos, que ni Gurtel y los trajes de Camps, tampoco de Campeón y la gasolinera de Blanco, menos aún de los Eres, calladitos sobre enchufes, cuñados y primos, y ni pío del doblaje de sueldos.

Los dos tenían mucho que hablar sobre corrupción, pero se nota, se siente que el pacto está presente.

Chorizos, fuera.

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