domingo, 20 de noviembre de 2011

Sin discusión


Ninguna excusa es válida. El PSOE ha perdido las elecciones del 20-N y el PP las ha ganado. Y no hay más tela que cortar. Junto al Partido Popular, Izquierda Unida ha salido de la postración a que ha estado sometida durante años. UPyD también ha obtenido su grupo parlamentario, que no es poca cosa. Pero por encima de todos, el PP, como vulgarmente se dice, ha barrido.

Si exceptuamos Sevilla, el mapa de España se ha puesto color azul de norte a sur y de este a oeste; bueno, se puede argumentar algo de Cataluña, pero si nos ponemos de acuerdo en que CiU es centro derecha, entre convergentes y populares hay una gran mayoría absoluta.

Es interesante que sepamos dar un cierto respiro al nuevo Gobierno de España extraído de las urnas. No hay, pues, que atropellarse a la primera de cambio con huelgas, manifestaciones, concentraciones y algaradas. Hay que darle tiempo al tiempo, y saber esperar.

La ruina que tenemos sobre nuestras cabezas es tan grande, que estamos obligados a ser prudentes y pacientes con los nuevos gobernantes sean, o no, de la cuerda de cada quisque.

Sindicatos, empresarios, trabajadores, funcionarios, jubilados, banqueros y desempleados debemos estar dispuestos a tirar del carro todos a una; nadie debe hacerse el despistado.

No me ha gustado nada que hayan dejado tirado, en la mayor de las soledades, en esta su aciaga noche al candidato Alfredo P. Rubalcaba; pues claro que sí, a su lado todo el gobierno -lo escribo con minúsculas adrede-, desde Zapatero hasta Carme Chacón, pasando por Blanco y Elena Salgado, y toda la ristra de inútiles. Todos ahí, con el que ha dado la cara y se la han partido.

Mañana, si el colocón, me refiero al resfriado, lo permite, haremos algún que otro análisis más localista. Y al otro día, hablaremos de fútbol o amor, de dioses y demonios, hasta que un día, tal vez no muy lejano, comencemos con la tabarra de Mariano Rajoy, al que, si se es demócrata, hay que felicitar. Eso hago.

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