miércoles, 2 de noviembre de 2011

Por el voto, a la felicidad


Estamos en ese espacio de tiempo en que los políticos afilan sus lenguas para ir prometiendo un ramillete de promesas; cuando de aquí a dos telediarios nos metamos de lleno en campaña electoral, nuestros oídos van a escuchar lo imprevisible en mentiras y extraños sortilegios que augurarán tiempos mejores; asoma, pues, un reguero de sonoras carcajadas que conseguirá que nuestra musculatura facial se relaje.

Un servidor ya se ha tronchado de risa ante la promesa lanzada, sin ningún pudor, por don Mariano Rajoy que, en un momento de estupidez sostenida, ha anunciado que si llega a presidir el Gran Sanedrín del Palacete de la Moncloa conseguirá “la felicidad para todos los españoles”; dicho lo cual, descansó.

Uno ha oído, como susurros a los que no prestaba atención, toda clase de mentiras en forma de promesas, pero semejante aberración política nunca había traspasado los huesecillos yunque, martillo y estribo situados en mi cascado oído medio.

Ya ven, ahora resulta que conseguir esa fugacidad que es la felicidad, depende de que votemos al señor Rajoy. La felicidad, oh dioses, ese estado efímero que tan sólo puede lograrse cuando los cables de la lógica y la responsabilidad se cruzan y forman un cortocircuito que da paso a la santa locura, tan sólo puede lograrse si votamos al señor Notario que cuenta con todos mis respetos por llevar la utopía en su programa.

Pues bien, o este hombre no tiene pajolera idea de lo que es la felicidad o rezuma unas cachazas de muy señor mío, ojalá sea lo segundo porque eso de tener cachazas es un buen principio para alcanzar la felicidad, de la que dijo Chaplin: “Sé feliz y sé tú mismo, pero sobre todo sé tú mismo”, que más o menos, fue lo que escribió A. Palacio Valdés: “Para que un hombre sea realmente feliz es menester que esté contento de sí mismo”, de lo que se deduce que ese instantaneidad de ser feliz tan sólo se consigue cuando existe un equilibrio entre lo que se piensa, se dice o escribe, y se actúa con respecto a ello.

Vamos que aún no votando a don Mariano, si se hace por convicción, se puede ser feliz por un breve momento.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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