miércoles, 9 de noviembre de 2011

Algo de poesía


Les juro que se muera el vecino del quinto, cosa que no deseo, que no pisaré un acto político de esta campaña, pero también es cierto que por aquello de escribir un artículo diario, con descanso el sábado, creo tener la obligación de introducir el hocico en la piara de la política y dar mi opinión respecto a lo que ahí se cuece.

Pero ayer hice un alto en esa aburrida misión, cogí los bártulos de juglar y en compañía de un gran poeta, Francisco Morales Lomas, viajamos a Puente Genil (Córdoba) para explayarnos en un recital poético y huir por un día de las famosas promesas que predican unos y otros.

Así que llegados al lugar, nos encontramos con unas cincuenta personas dispuestas a escuchar música a través de versos, porque no otra cosa es la poesía sino la música que podemos poner, bien o mal, a nuestros sentimientos.

El inicio de un recital es casi siempre el mismo: agradecer la presencia del paciente público asistente. En los eventos en los que he participado con mi buen amigo Manuel Alcántara, el gran maestro de la palabra escrita siempre empieza con la misma frase: “gracias por vuestra presencia, pues los buenos amigos se ven en las cárceles, hospitales y recitales de poesía.”

Por ello, fue una grata sorpresa, observar a tan nutrido grupo, en su mayoría jóvenes, dispuesto a recibir una buena balacera de versos. Soy de los que pienso que la poesía abarca tres temas esenciales, a saber, el “amor”, con sus variantes como el desamor, el odio, etc.; el “tiempo”, con condimentos como el paraíso perdido de la infancia, la vida, existencia y muerte; y la posible trascendentalidad, donde se puede hacer un cóctel de Dios, del más allá, del agnosticismo y ateísmo. Al fin y al cabo, en esos tres grandes sectores es donde se mece nuestra vida.

Cumplimos, creo, la misión. Hubo conexión entre emisor y receptor. Leímos lo que nos dio la real gana, y les transcribo una décima de mi autoría al misterio del mar. Dice así: “Siento el murmullo llegar/ desde el abismo profundo/ de la inmensidad del mar./ En ese éxtasis, inundo/ mi ser placenteramente./ Todo el mar está presente/ en la caricia del alma:/ silencios, olas, espumas,/ sales, misterios y brumas/ mientras avanza la calma”.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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