viernes, 21 de octubre de 2011

Y por qué no estar frustrado


Aunque la frustración sea algo malo, según algún que otro dúo, me siento frustrado en algunos aspectos de mi vida; para qué darle muchas vueltas, en casi todos: religión, política, sociedad y, muy especialmente, conmigo mismo. No sé si ese estado anímico lleva al denominado popularmente cabreo, pero aunque no fuese verdad tengo que afirmar que me cabreo conmigo mismo porque sabiendo lo que tengo que hacer no lo hago.

Sé que además de compartir lo que siento y pienso -cosa que no hago en realidad- debo “partir con” el pueblo aspectos más cotidianos de la vida real, a saber, dinero, algo de riqueza y la verdad apolillada entre pastillas de alcanfor, pero no lo realizo aún sabiendo que ello me aportaría cierta paz interior.

El derecho a no estar a gusto consigo mismo debería estar recogido en La Constitución Española, sin que ello quiera decir que se abjure de mantener la relación entre lo que se dice y lo que se piensa, basamento del verdadero equilibrio de las personas.

Cuando leo algunas barbaridades que se escriben sobre el estado de frustración, hago la señal de la cruz y digo “aparta de mí estos espíritus pobres” que se conforman con la migaja de subsistir y que no luchan, aunque sea con uno mismo, por tensionar el tránsito de la humanidad a la cuasi divinidad.

Y es que uno, en esa lucha permanente por ser y por descubrir el potencial que lleva en las entrañas, puede ser feliz en la insumisión de no pensar como hace diez, veinte, treinta, cuarenta o más años. Ya lo decía Saulo de Tarso: “cuando yo era niño, pensaba como un niño…”; mas da la casualidad que uno dejó de ser infante, y ya todo es diferente.

Se confunde la personalidad con la tozudez, o sea, con pensar como hace un montón de años; y no es o no debe ser así. El mundo cambia a un ritmo acelerado, la regla de cálculo ya no es un instrumento sagrado de las matemáticas, sino vetusto y anticuado, y si nosotros, creo yo, no nos adaptamos al vértigo del progreso quedamos convertidos en la señora de Lot.

En fin, sin ánimo de polémicas, me encuentro a gusto con un cierto disgusto conmigo mismo Si no lo escribo, reviento.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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