domingo, 23 de octubre de 2011

Tener que ser


“Quien quisiera hace un catálogo de monstruos no tendría más que fotografiar con palabras esas cosas que la noche trae a las almas somnolientas que no consiguen dormir”, escribe Pessoa. Y en realidad no existe mayor monstruo que el desvanecimiento de lo que quisimos ser.

El que duerme es el que trabaja, y trabaja el que encofra, el que está enterrado en la mina, el peón de lo que sea, el pezón de la madre. Y no duerme el que piensa en sí mismo. Y piensa en sí mismo el que anda con proyectos que se desvanecen, aunque parezcan conseguirse.

Eso es lo monstruoso, pensar lo que pudimos ser y dejar de serlo por querer ser cada día más, o menos, que también viene a ser lo mismo.

Se ha puesto de moda entre los que se llaman pensadores, que lo importante no es tener, sino ser. Y no existe quien sea. El pueblo llano lo dice al revés, pero en la vuelta del calcetín casi siempre anida la verdad. Se es por lo que se tiene. No me atrevo a pensar que el pueblo esté en lo cierto, ya que muchas teorías “moralizantes” de la actualidad acabarían en el cubo de la basura.

¿Qué quise ser?, todo menos yo mismo. Y así salió el producto: algo cristiano, un poco político, un instante de poesía, ahora hacedor de artículos, husmeador de podredumbres peseteras, denunciador de todo menos de uno, disimulador de incapacidades, medio padre y media madre, y todo girando alrededor del sueño que no llega: el amor, ay, el que nos salva y nos condena, el éxtasis y el infierno, la resurrección y la cruz.

¿Y los otros?, pues igual que un servidor, todos menos el mendigo rico que silba la flauta en las cercanías de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia.

Silba la flauta amigo mendigo y despierta a esta ciudad de su desencanto de no llegar a ser.

Siempre igual.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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