jueves, 27 de octubre de 2011

Tener que ser... andaluz


“Un día tal vez comprendan que cumplí, como ningún otro, mi deber nato de intérprete de una parte de nuestro siglo; y cuando lo comprendan han de escribir que en mi época fui incomprendido…”, escribe Pessoa.

No soy andaluz, tan sólo soy del útero de mi madre, pero me tocó vivir en Andalucía, lo mismo que pudo ser en Galicia. Ya aquí ejercí de andaluz a tope, y aún hoy quedan rescoldos de aquella forma de sentir esta tierra por encima de cualquier otra, incluida la madre España que, si fuese realmente madre, no querría otra cosa sino que su hija fuese autónoma, independiente, libre.

Instalado en el poder del partido político que gobernaba la nación, lo dejé para amar a la tierra débil que, maltratada y succionada por los pueblos ricos, siempre inclinó la cerviz en busca de la limosna y del gran río, y que, aún hoy, a pesar de que ha cambiado la rama de olivo por el palo de golf, sigue postrada ante sí misma, sus rocíos y timbales.

No nos quieren, pero tampoco nos envidian; somos un ligero suspiro de fiesta y cante, de tronos y pasos, de seseos y ceceos; algo así como un muestrario del vendedor que despliega su bisutería ante la clientela.

En la actualidad, triste época de ventajistas, el dúo que desea establecer sus reales en la capital del Reino busca poseerla para instalarse en el maldito palacete de La Moncloa. Y ella, Andalucía, aunque no se siente seducida por los bárbaros, permite jugar el papel de moneda de cambio, de ramera sumisa a las carantoñas del señorito extraño, de izquierda o derecha, al pezón de la tierra.

Y así asistimos a insultos y falsedades, y unos por aquí y otros por allí tiran de la manta que debe cubrir la fraternidad de los pueblos para dejarnos desnudos ante el frío de la codicia de la fatal posesión.

“…Las naves, los aceros, las adargas./ Cuántas voces y cuánta bizarría/ y una sola palabra. Andalucía”, es el último terceto del gran soneto de Borges a la diversidad andaluza, pero este terceto ya es historia, gloria y pasado de nuestra tierra.

El presente es pura vergüenza.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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