domingo, 16 de octubre de 2011

No fui capaz


Cuando son tres cuartos de siglos los que uno lleva sobre sus espaldas todo se ve de forma diferente. Al tiempo que pasan los años, vuelan, dicen, las ilusiones por construir un mundo mejor, más habitable y más justo. Las fuerzas decaen, aunque la utopía permanezca intacta, y se observa con agrado todo intento encaminado a instalar la auténtica solidaridad en una sociedad que se enroca en sí misma.

Ni siquiera se puede mirar hacia atrás, porque el lamentable estado de las cervicales impide hacer un buen giro de 180º que posibilite analizar en qué se ha contribuido, a nivel personal, para que el barco en que navegamos esté a punto de irse a pique.

Existen personas que el transcurrir de sus vidas lo han realizado de forma cómoda sobre una ancha plataforma, mientras otros, por el contrario, han paseado siempre en el filo de la navaja, o sea, al borde del abismo. Estos últimos han vivido a tope, en permanente tensión, en actitud y aptitud de servicio, pero sin lanzarse al precipicio de la aventura.

Pudieron ser, pero nunca fueron; pudieron escandalizar, pero siguieron sumisos a las normas; pudieron dar el paso definitivo, pero siempre esperaron la mano de alguien para un camino sin meta definida. Sus vidas están repletas de excusas, de “pero”, y sabedores que estaban llamados a más, se quedaron en personas “normales” que no dicen nada a nadie. La indecisión, la palabrería, la lógica, la seguridad y una mal entendida responsabilidad abortaron un nuevo ser.

El título de este “copo” es el primer verso de un pequeño poema de amor titulado “Negaciones”, en la que una de sus estrofas comienza de esta manera: “No fui capaz, a secas, sin tapujos./ Tuve miedo de mí, de ti, de todo/ y sin embargo te amo./ ¿No me crees?/ Si me vieras llorar/ cuando apago la luz y se enciende tu sombra./ No me crees,/ y sin embargo te amo.”

Pues esa ficción amorosa es trasladable a cualquier aspecto de la vida social que me haya tocado vivir. Nunca llegué al fondo, al salto y al real compromiso social.

Sencillamente, no fui capaz. Ahora, tan sólo me queda la palabra.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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