lunes, 3 de octubre de 2011

Disfrute usted


Supongamos, que es mucho suponer, que usted tiene cuarenta mil euros contantes, sonantes y libre de hipotecas y otras desgracias; pues bien, en ese caso emerge un grave problema: ¿qué hacer con ellos?

Existen varias opciones, pero en un primer momento analicemos dos de ellas: 1ª) guardarlos debajo del colchón o en otro lugar más adecuado o 2ª) llevarlos al banco más cercano a su casa y que sea la entidad la que se encargue de su seguridad.

Salvo raras excepciones, se opta por la segunda. Sigamos con las suposiciones; confío en que usted sepa con certeza que un banco no es una zapatería o mercería, sino un negocio cuya única mercancía es el dinero, o sea, ganar “tela” y no perder nunca.

De tal forma es así, que si después de abrir una cuenta corriente y escuchar dos o tres telediarios se pone a dudar sobre la fiabilidad de la tienda de los euros y decide usted, a bote pronto, retirar la cantidad, a buen seguro que el señor director no le devuelve íntegramente la pasta, sino que por abrir la c/c y finiquitarla le descontará una cantidad que puede ser mínima, pues al fin y al cabo para eso existen los bancos.

Ahora bien, va el señor director y le dice: “mire, si lo pone a dos años le puedo ofrecer un tres por ciento, pero con la condición de no poder hacer uso de los miles de euros”. Uno echa sus cuentas, y va y pica. Pues bien, a partir de ese instante el banco hace con su dinero lo que le dé la real gana, que bien puede ser invertirlo en ladrillo en Portugal o meterlo en bolsa para hacer más bolsa.

Ocurre que su pasta va de un lado para otro y puede llegar hasta el terremoto de Grecia o a otorgarle un lindo crédito a un emprendedor al que le cobra, pongamos por ejemplo, un diez por ciento de carga. Es cierto que finalizado el primer año, el grupo financiero le abona en cuenta su tres por ciento, que no es tanto ya que usted deberá pagar al fisco por sus ahorros.

Lo mejor, según mi humilde punto de vista bohemio, es que disfrute de lo lindo de su parné antes de que llegue el que tiene que llegar, o sea, Rajoy que, a buen seguro, aunque ahora diga que no, le pegará otra buena tarascada a sus sufridos ahorros.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario