jueves, 13 de octubre de 2011

Cáritas y la pobreza crónica


Cáritas, o Caritas, es una organización de la Iglesia Católica que se dedica a intentar solucionar algunos de los muchos problemas que padecen los pobres de verdad, lo parezcan o no; de siempre, la ciudadanía, laica o creyente, ha depositado buena parte de su confianza en ese grupo de hombres y mujeres que dedica parte de su tiempo, de su vida, a penetrar con un bisturí de amor en la costra de indiferencia de una sociedad que extraña los problemas del otro.
En sus albores fue tachada de ser una especie de “socorro rojo internacional del amor” por las autoridades que ostentaban camisas color azul mahón, y cuando la democracia abrió sus compuertas a las “organizaciones sí gubernamentales”, algunas de éstas recibieron más ingresos estatales que los pioneros, léase Cáritas, de la ayuda al extraño. Es el caso de año 2010, en el que Cáritas vio disminuir sus ingresos, al tiempo que consiguió amentar los donativos privados de gentes de buena voluntad que, sabedores del prestigio de la institución, han ingresado sus euros en la misma con la confianza que ninguno de ellos, me refiero a los euros, se perdería en la intermediación.
Mi teoría, creo que por repetida, no es que Cáritas sea la solución a la pobreza, aunque la suaviza; el Estado en sí, o sea gobierno, más lo que ustedes quieran, sí provoca la pobreza y la diferencia de clases sociales, hecho que estamos viendo todos los días.
La solución al exterminio de la pobreza reside en los mismos pobres; concienciarlos, aumentar su espíritu crítico, hacerles ver que tan sólo en ellos existe su redención, debe ser tarea primordial de todos los que se crean progresistas; en fin, hacer ver a los pobres que son más numerosos que los ricos y, a partir de ahí, iniciar una autentica revolución de justicia, progreso y amor.
Mientras ello ocurre, si es que alguna vez se consigue dicho milagro, bienvenida sea Cáritas. Su informe sobre el año 2010 debería ser de obligada lectura antes de ejercer el próximo 20 de noviembre el derecho al voto, pues es esclarecedor saber que, con datos reales, la pobreza en la España real se ha hecho crónica.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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