jueves, 6 de octubre de 2011

A cara o cruz


Ayer, tras haber finiquitado mi labor en www.papel-literario.com, bajé, valga la expresión, a la Cafetería “Gran Vía” a tomar el café de las seis de la tarde para despejarme algo antes de escribir “el copo” nuestro de cada día y a la espera de que cualquier musa se posara en mí para poder echar el arte del copo a la mar de agradecidos e indignados, pues estas son las nuevas clases sociales que existen en la actualidad.

Pero las cosas se torcieron por mi falta de voluntad. Fui invitado por un amigo a un güisqui, acepté; después llegó otro amigo y me dejé querer, y así fueron pasando las horas, y en el traspié del vuelco de día, o sea, a las doce de la noche, llevaba un servidor ingerido un montón de agua de fuego que, de repente, tronó como un volcán en plena erupción lo que me hizo, tras tomar la brújula, replegarme a los cuarteles de invierno y, sin decir ni pío, me introduje en el santa santorum, y hasta hoy.

Y el detalle es que yo tenía la columna en la mollera, pues todo era cuestión de echar dos temas de rabiosa actualidad a cara o cruz; si salía cruz, ea, a escribir de la duquesa de Alba y si el destino quería que fuese cara, lo haría sobre José Blanco, ministro de Fomento; de una forma u otra dos clásicos del surrealismo español.

Porque fueron ambos personajes Cayetana y Pepiño los que coparon los telediarios, redes sociales, tertulias de agradecidos y las barras de los bares.

Así, que tras dormir la mona, me veo de nuevo como ayer a las 6 de la tarde; quiero decir que no sé lo que hacer; ¿lanzo o no la moneda al aire para que sea el azar quien dilucide semejante problemón?

Si sale cruz, me veo en la obligación de largar el rumor que ya corre de esquina en esquina, a saber, la duquesa se ha casado de penalty porque el funcionario que no habla la ha dejado preñada; pero si sale cara, o sea, Pepiño -no que el gallego sea un cara-, me veo en la obligación de intentar demostrar que en la nueva era que me ha tocado malgastar mi existencia, los ministros hablan de la cosa pública en el interior de un coche oficial.

Mejor me escabullo y dejo las cosas en su sitio.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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