martes, 27 de septiembre de 2011

¿Y por qué tengo que creerte ahora, Alfredo?


Verás Alfredo P. Rubalcaba, no dudo que eres un hombre preparado, sagaz, astuto y con una capacidad inmensa de trabajo en política; tu dilatada trayectoria así lo demuestra desde los tiempos de Felipe González hasta el finiquito, por no llamarle estampida, de José Luis Rodríguez Zapatero. En tu currículum tienes el haber ejercido de Portavoz del Gobierno, Ministro de Educación, Portavoz del Gobierno socialista y de su Grupo Parlamentario, Ministro de Interior, Vicepresidente 1º del Gobierno de España y hoy candidato a ser Presidente de todos los españoles; hasta puede ocurrir que me olvide de alguna que otra orla de tu retrato de hombre público.

Al igual que todos los ministros de Interior, has trabajado hasta el máximo de tus posibilidades contra los terroristas de ETA, aunque alguna mancha, no importante, puede afear tu laboriosidad, me refiero al manoseado “caso Faisán”.

Has participado y corroborado como miembro del Gobierno todas las iniciativas que Zapatero ha puesto en marcha con motivo de la crisis económica, unas por motus propio y otras a instancias de Angela Merkel u Obama, sin que en ningún momento temblara tu mano, derecha o izquierda, más bien la primera, a la hora de votar, pongamos por ejemplo, la congelación de las pensiones de los jubilados o la reducción del cinco por ciento del funcionariado.

Enfrascado en plena campaña, has comenzado a realizar las primeras promesas importantes, a saber, no habrá más congelación de pensiones y los funcionarios verán aumentados sus honorarios.

Todo ello queda bien de cara a los electores para ganar su voluntad a la hora de depositar su voto; pero al igual que Mourinho, el entrenador de tu equipo preferido, voy por calles, bares y hasta en la cama a la hora de intentar dormir, preguntándome: por qué, por qué, por qué tengo ahora que fiarme de ti si no me has dado, hace tres telediarios, ningún motivo para ello.

Te pregunto, una vez más, admirado Alfredo P. Rubalcaba: por qué, por qué tengo que fiarme ahora de ti.

Espero tu contestación, o la de cualquiera de tus compañeros, con fruición. Atentamente.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario