jueves, 22 de septiembre de 2011

Troy Davis


Dicen que el negro Troy Davis asesinó a un policía blanco en el año 1989 en el estado de Georgia de los EEUU. Hace, pues, veintidós años del aquel trágico suceso por el que fue condenado a muerte. Veintidós años de espera en el corredor de la muerte, de recursos para demostrar su inocencia, del ajetreado ir y venir de abogados, de testigos que se han echado para atrás con respecto a su primera declaración, de peticiones de perdón de toda índole, de la búsqueda de cientos de miles de firmas, de manifestaciones en contra del asesinato legal, etc.

Todo ha sido inútil: la espera, los testigos, los rezos, las peticiones, las firmas, las manifestaciones y el etcétera. Davis ha sido ejecutado hoy mediante una inyección letal en la cárcel de Jackson (Georgia), al tiempo que se declaraba inocente. Su existencia ha sido fulminada en la nación del Rifle, de Dios y de la Biblia.

La vida sigue y la muerte, también. Nadie escapa a ese maldito tránsito que existe entre nacer y morir, pero morir así es inhumano. Morir en manos de la justicia por aquello del ojo por ojo y diente por diente es una blasfemia al hecho de ser humano.

Sin embargo, la gran mayoría pasa del hecho en sí y se dedica a loar a Mariano o Rubalcaca o a lanzarles, sea a uno u otro, palabras pronunciadas con tizones de odio. Y los dos, con igual rasero, se alían con los verdugos de Troy Davis, se ponen firmes ante ellos y se van de tiroteos a Libia o Afganistán, basándose en no sé qué resolución de la funcionarial ONU.

Malditos sean los que ponen una vela a Dios -lo legal- y otra al Demonio -la indiferencia-; malditos sean, vuelvo a repetir.

Algunos podemos estar consternados por el ATS que haya inyectado muerte a Troy Davis; pero todos, también los consternados, comeremos algo cuando el gusanillo recorra nuestros intestinos.

Y es que, como vulgarmente se dice, somos humanos; valiente mierda de humanidad.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com.

No hay comentarios:

Publicar un comentario