lunes, 5 de septiembre de 2011

Sin diezmo en Rodiezmo


Rodiezmo es la villa astur-leonesa donde el PSOE, desde hace más de treinta años, abre el curso político entre los afiliados a UGT de la ya caduca minería. Es una fiesta de izquierdas en la que los asistentes se anudan al cuello el clásico pañuelo rojo y, puño en alto, cantan La Internacional.

El sindicato minero invita a los grandes clásicos del socialismo español para que les arengue en su particular guerra con la derecha. A Alfonso Guerra nunca le ponen falta, porque el llamado “canijo”, esencia del partido de los “descamisados”, gusta de dar caña y repartir leña a su diestra, pero nunca a la siniestra; aunque este año hiciera una excepción y atizó con mala uva a Gaspar Llamazares.

El “diezmo”, ya en desuso, era lo que se pagaba, en especies o en “euros” de los de entonces, en la Antigüedad a los señores propietarios de tierras. La Iglesia, siempre tan lista, lo introdujo en sus Mandamientos, creo que era el quinto, con este estribillo: “pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios”, cambiado hoy por un ambiguo “ayudar a la Iglesia en sus necesidades”; ambos conceptos los he vivido.

Cuando se inició la era del recorte zapateril, aún no finiquitada y que tendrá un honroso sucesor en Mariano, según apuntan los expertos, Zapatero, sabedor que había perdido el carné de socialista y se había apropiado del democristiano de Angela Merkel, dejó de asistir a Rodiezmo porque se sabía culpable de no haber abonados los diezmos, la limosna, a la clase obrera minera.

Para la historia del surrealismo político español, quedará por los siglos de los siglos la estampa en que las adalides de la igualdad, Bibiana Aído y Leire Pajín, rojas de pacotilla, tatareaban en Rodiezmo “La Internacional” con sus pañuelitos anudados.

Este año Zapatero no ha sido invitado al tanatorio de Rodiezmo, tampoco han asistido el de la motosierra ni las rojillas ya citadas, pero sí Alfonso que no se pierde ni un funeral con tal de ser protagonista, aunque sea de muerto; pero lo que parece que no saben las buenas gentes de la minería es que también Guerra votó a favor de quitarles el diezmo.

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