jueves, 15 de septiembre de 2011

Rebelión el el Titanic-PSOE


En cualquier buque que se va a ir a pique, la oficialidad es la última en lanzar el grito de “sálvese el que pueda”; aguantan, pues, el tipo hasta las últimas consecuencias. No ocurre igual en el Titanic del PSOE que, según encuestas al canto, parece que su hundimiento está asegurado.

Exceptuando al extenuado capitán Zapatero que, según sus propias manifestaciones, desea pasar el resto de sus días tendido en una hamaca y contando y recontando nubes; a muchos de los actuales ministros y ministras le andan buscando un escaño que les asegure una visualización perfecta de las tormentas que se esperan en el próximo Congreso de los Diputados y un status, o sea, un chollo de más de cuatro mil euros mensuales y viajes pagados durante el próximo cuatrienio.

Ha sido ya motivo de novela rosa esa historia de amor y desamor que se han traído, y lo que colea, Rosa Aguilar y Carmen Calvo por no ir juntas en la lista electoral de Córdoba; no ocurre igual en Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, donde Trinidad Jiménez, de los Jiménez Villarejo de toda la vida, ha sido acogida y mimada por el inútil diputado y secretario provincial de los socialistas malagueños Miguel Ángel Heredia, y es que en ese perímetro urbano, al que pienso volver cuando esté repuesto del tedio que me embarga, no importan las paracaidistas porque hay escaños a repartir.

Pero donde se ha iniciado la gran batalla es en la villa de Zamora, lugar donde Alfredo P. ha señalado con el dedo índice que debe presentarse su segundo de a bordo en Interior y actual ministro señor Camacho, en detrimento de un sencillo diputado de provincias, de nombre Jesús Cuadrado. Y es que miren ustedes, en Zamora el PSOE ha obtenido de toda la vida tan sólo un diputado; es por ello que Cuadrado está dispuesto a dar la batalla de su vida para no soltar el escaño que cree suyo.

Por el otro lado, por el PP, aunque hay tarta para repartir, comienzan las primeras conspiraciones a puerta cerrada y moco tendido, pues todos se creen con derecho a ganarse el pan con el sudor de la frente de nosotros.

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