miércoles, 14 de septiembre de 2011

A pesar del tedio


No creo que mis “jefes” se enfaden conmigo si llegan a enterarse, ya lo están haciendo en estos momentos, que estos artículos los cuelgo en mi blog y algunos de ellos, los que a mi entender puedan interesar, los deslizo hacia Facebook; por ejemplo, el “tedio” de ayer siguió ese recorrido por los océanos donde los náufragos buscamos relacionarnos los unos con los otros en esa virtualidad de amistad mágica, que desearíamos se convirtiese en realidad.

Los comentarios, unos veinte más o menos, han sido para todos los gustos, tales como somos las personas una a una, porque en conjunto somos un simplón rebaño que obedece e inclina la cerviz ante la voz del amo, señor o tirano.

Ocurre, entonces, que uno tiene que salir de su vergel o desierto, siempre paraíso para sí mismo, y penetrar, machete en mano, en el tedioso mundo de la política, religión o esta suciedad a la que llaman sociedad. Y aquí me tienen hoy, machete en mano, para desbrozar cualquiera de esos campos, campos que si algún día fueron de verdeo o habría que convertirlos en tierras de rastrojos para que, desde la nada, puedan convertirse en algo de lo que valga la pena escribir.

Escribir del alcalde del pueblo, del “representante” de Dios en el planeta Tierra, de una “sociedad” que limita, prohíbe y castiga a los que se saltan unas normas establecidas por las oligarquías dominantes, es una barbaridad

Perder un minuto en Rubalcaba, dos minutos en Rajoy, tres estimables minutos en la Iglesia, doscientos cuarenta segundos en los ceroueristas, milieuristas o milloneseuristas, un cuarto de hora en la Banca o no digamos en los Sindicatos, y no digamos ya en la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional o la Organización de Naciones “Unidas”, ya les digo, perder una miaja de mi tiempo en sandeces de esas características es una auténtica blasfemia, porque ninguna letra, palabra, frase o artículo es capaz de cimbrear lo más mínimo esas estructuras

Lo mejor, aunque se tilde a uno de zoquete, es sobrevivir a tanta mansedumbre y escribir sobre el horno, siempre en ebullición, de los sentimientos; ese lugar donde se cuece la auténtica vida.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com
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